La historia de Frida Añez en Carabobo a partir de 1950

Este blog nos narra la historia de una mujer que marcó de forma única la cultura en Valencia, Estado Carabobo entre 1950 y 2000

26 de octubre de 2012

"La histórica confrontación" que Helena Acosta llama "divorcio" entre el arte cinético y el país, a pesar de que en su momento el país apoyo al cinetismo y hasta Caracas se convirtió en una ciudad cinética. Pero nunca hubo un nexo con la población", dice la curadora de la I Bienal de Arte Emergente. El legado cinético, que se inaugura hoy en las salas 7 y 8 del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, en Parque Central, fue resuelto en el Ateneo de Valencia en 1955, cuando el pueblo tuvo en sus manos catálogos hechos por Carlos Cruz Diez y accedió al arte universal en la Exposición Internacional de Pintura con motivo del Cuatricentenario de Valencia , en una humilde institución ateneísta valenciana presidida en ese momento por una excelente Junta Directiva con Frida Añez a la cabeza


29 artistas buscan reconciliar el arte cinético con la sociedad

Hoy se inaugura la "I Bienal de Arte Emergente. El legado cinético".

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Helena Acosta es la curadora de la bienal (Nicola Rocco)
DUBRASKA FALCÓN |  EL UNIVERSAL
viernes 26 de octubre de 2012  12:00 AM
Elitesco. Así fue sellado el arte cinético venezolano que nació en las manos de Carlos Cruz- Diez, Jesús Soto, Alejandro Otero o Juvenal Ravelo, entre otros artistas becados para estudiar en el extranjero. Un estigma que aún se mantiene por no tejer, en apariencia, un vínculo con la sociedad venezolana. 

A esta histórica confrontación, Helena Acosta la llama divorcio. "Ciertamente hay un divorcio entre el arte cinético y el país, a pesar de que en su momento el país apoyo al cinetismo y hasta Caracas se convirtió en una ciudad cinética. Pero nunca hubo un nexo con la población", dice la curadora de la I Bienal de Arte Emergente. El legado cinético, que se inaugura hoy en las salas 7 y 8 del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, en Parque Central. 

El deseo de reconciliación llevó a Acosta a crear una bienal que uniera al cinetismo con el pueblo. Para esto recibió el apoyó de la Fundación Museos Nacionales. "Lo que se intenta es reabrir este capítulo del arte venezolano. Ver qué nuevas lecturas se pueden hacer; cómo se acercan hoy los artistas a los nuevos lenguajes; qué reinterpretaciones pueden salir, y analizarlo. Queremos volver a reconocerlo y que la gente se reconozca en él", asegura. 

Luego de abrir durante dos meses y medio la convocatoria internacional, al evento se postularon 170 obras en las categorías bidimensional, tridimensional y espacio digital. De este grupo de obras el jurado, conformado por Juvenal Ravelo, María Luz Cárdenas, Élida Salazar, Ingrid Lucena y Viollete Bulé, seleccionaron 29 piezas provenientes de Francia, Chile, Portugal, El Salvador, España y Venezuela. "Se valoró mucho la factura, el concepto, la reflexión y el aspecto formal de la obra", apunta acerca de la elección que tendrá un ganador por cada categoría la semana que viene. 

La exposición, según Acosta, resultó bastante variada: se reconocen desde las propuestas cinéticas más clásicas, pero con el guiño venezolano, hasta nuevas lecturas, en muchos casos, más experimentales. "Sí, me sorprendió lo que llegó, sobre todo en las instalaciones y el área digital. El cinetismo es un lenguaje que está presente en casi todo lo que es el discurso visual abstracto actual. Hay una tendencia bastante fuerte en el arte sonoro, incluso". 

Por eso para hoy estará en la inauguración el colectivo de El Salvador, elMonstruo, que intervendrá la fallada del museo a través de un performance visual. "Esto será un homenaje al arte cinético", dice Claudia Olmedo, quien junto a Yasser Pérez Cavaría y Juan Carlos Saavedra forman el colectivo. "Vamos a manipular su obra con materiales y música que hemos creado nosotros a través del Video Mapping", concluye. 

Hay eventos o escritos que traen el recuerdo de Frida Añez, pues su mecenazgo con las artes del fuego, que nadie ha logrado emular, se revive cada vez que alguna de las figuras de estas especialidades de las artes plásticas, expone en alguna parte del país o del exterior. Gracias a Frida esos Salones marcaron una época y permiten decir en el presente: "La cerámica ha sido un fenómeno único en Venezuela", como apunta Bélgica Rodríguez, curadora de la muestra


TOMADO DEL BLOG "ALFONSO MARÍN" DE  TATIANA DE LA ROSA MARIN

EN BLOGGER DESDE MARZO DE 2012

VIERNES, 25 DE MAYO DE 2012


14 de Julio de 1986. "50 Años del Ateneo"


50 Años del Ateneo


En forma sencilla, sin grandes oropeles pero con un sentido pedagógico profundo, se ha celebrado el cincuentenario del Ateneo de Valencia. Decir Ateneo entre nosotros; es como decir la Catedral, o el Monolito, o la Virgen del Socorro; es como evocar un gran símbolo; algo así como encontrarse de pronto con la más pura, la más clara y la más neta tradición espiritual de la ciudad. Es como si se estuviera pronunciando una palabra mágica para descorrer las cortinas de un pasado inmediato cargado de recuerdos, de esperanzas y de angustias. Un pasado de lucha abnegada y firme.

Cuando llegamos a Valencia, el 22 de febrero de 1940, nos dimos cuenta de inmediato, y esto lo hemos dicho más de una vez, de que para ingresar en el ámbito cultural de la ciudad, había dos puertas de entrada: “El Carabobeño” y el Ateneo. Nosotros ingresamos por esas dos puertas, y aunque veníamos a ejercer cargo público, ya traíamos debajo del brazo nuestro primer libro de versos, “Surcos de Occidente”; nos sentamos en un escaño del Ateneo y empezamos a colaborar en “El Carabobeño”. Estas dos puertas de entrada nos han sido familiares siempre.

Sobre el Ateneo hemos escrito mucho y seguiremos escribiendo. Alguna vez publicamos un folleto suscrito con Luisa Galíndez y Margot Ramírez Travieso, “Diez años de Lucha y de Trabajo”, reseñando sus primeras actividades hasta en sus más mínimos detalles. Echábamos así las bases para un trabajo biográfico más amplio.

Hoy, la celebración del cincuentenario del Ateneo ha sido dividida en dos partes: la de su fundación y la de su instalación, porque hubo entre ambas una espera muy larga: de febrero a julio de 1936. ¿Por qué tanto tiempo? Muy sencillo: porque no se disponía de medios para hacer su instalación. Hasta ese momento, el Ateneo era apenas una idea, un capricho, un sueño. El sueño romántico de un grupo de soñadores, damas en su mayor parte, que tenían el firme propósito de dedicarse a trabajar por el fomento de la cultura. Cero dinero, cero recursos.  Durante esos largos meses de espera, Luis Eduardo Chávez, uno de sus pioneros, anduvo de tienda en tienda por el comercio de Valencia recogiendo retazos de coleto para forrar las paredes del viejo cascarón de la Calle Páez donde se iba a instalar el Ateneo.  Precisamente al lado del cuartel de policía y frente a una agencia funeraria. Gozando de la compañía de tan amables vecinos, funcionó allí durante 18 años.

El Ateneo de Valencia, no nació por generación espontánea, sino porque para entonces estaban dadas las condiciones de fundarlo: se acaban de romper los diques de la dictadura con la muerte del dictador. María Luisa Escobar, gran carabobeña, fundadora del Ateneo de Caracas, influyó desde allá sobre María Clemencia Camarán, para que procediera a fundarlo. Esta fue su primera presidenta. Un soplo de renovación se extendía por todas partes. Daba la impresión  de que se quería recuperar el tiempo perdido. El tiempo perdido en materia de cultura bajo la despiadada crudeza del régimen imperante. Un ejemplo: la Universidad de Valencia había sido clausurada desde 1904.

Y el Ateneo siguió su rumbo. Por su destartalado cascarón de la Calle Páez, desfilaron grandes figuras de Venezuela y de otros países. Escritores, poetas, y artistas. Toda una gama de hombres y  mujeres convocados a ejercitar una responsabilidad compartida sobre el terreno espiritual de Valencia.

Y seguíamos soñando. Un día se pensó en obtener un local propio. Varias sucesivas presidentas del Ateneo se empeñaron en esto. Manuel García, gobernador de Carabobo, regaló un terreno; pero ese terreno resultaba pequeño y hubo que venderlo; también doña Melanie de Branger, regaló otro, que tampoco era apropiado, y sucedió lo mismo. En estas condiciones, llegó a la presidencia del Ateneo doña Lucila de Marín, quien procedió a construir el edificio. Faltó dinero, y ella se echó a la calle en compañía de Don Pancho Alvarado Escorihuela y Don José Auad a colocar cédulas hipotecarias. Estás cédulas fueron donadas luego al Ateneo e incineradas en acto público y solemne en el patio del nuevo edificio, acto que fue registrado en su primera página por “El Nacional” de Caracas. Otro día, doña Chuchita Carabaño de Díaz, creó el salón de artes plásticas “Arturo Michelena”, y más tarde Frida Añez, otra gran presidenta, organizó y presentó la primera y única exposición internacional de pintura que se ha celebrado en Venezuela, con la concurrencia de los principales pintores de 32 países de América y Europa. (Frida Añez, Oswaldo Vigas y el suscrito, estamos comprometidos a escribir la historia de este evento). Otro día, en compañía de la presidenta Ana Enriqueta Terán, organizamos aquí la primera convención nacional de ateneos de Venezuela. Y así sucesivamente.

Hoy, el Ateneo se encuentra en manos excelentes; Vitalia Muñoz de Chacín, Mary Schwazemberg, José Napoleón Oropeza, Alfredo Fermín y otros. Y para proclamar la conmemoración del cincuentenario de su instalación, fue escogida una voz joven –la de Luis Arráez Azuaje- en señal de que el Ateneo se sigue renovando. Este trató  de ensayar en sus palabras una apología de la angustia. Todo indica que el Ateneo está marchando en estos momentos con justificado entusiasmo y que sus actuales dirigentes están convencidos, como lo estamos todos, de que formar parte de su junta directiva, es una de las formas más propicias y eficaces de servir a Valencia. De servirla y de amarla.


Alfonso Marín.

Historia escrita a cincel y soplete

Galería Arte Ascaso inaugura el domingo "Escultura Escultores"

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Peña expone su permanente indagación de los barriles de petróleo
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DUBRASKA FALCÓN |  EL UNIVERSAL
jueves 25 de octubre de 2012  12:00 AM
"Yo en realidad no sé de escultura. ¡Yo hago muñecos! Mi razón es comunicar. Mi razón no es artística", suelta el maestro Cornelis Zitman. Mientras que el autor de Mujer sentada decía estas frases tan contundentes como humildes, a su alrededor Rolando Peña, Felipe Herrera, J.J. Moros y Pedro Briceño aprobaban en silencio estas palabras.

Oraciones que reflejan el quehacer de tres generaciones de escultores que, el domingo 28, se reúnen en la Galería de Arte Ascaso para dar fe del trabajo escultórico que se ha hecho en el país desde que Francisco Narváez inauguró el modernismo en el arte nacional.

Bélgica Rodríguez, curadora de la exposición Escultura Escultores que se inaugura en la institución privada de Las Mercedes, seleccionó a 37 artistas y 75 obras tridimensionales para mostrar en tres salas una aproximación al panorama escultórico venezolano, en su mayoría abstracto-geométrico.

"Aquí cada artista representa una tendencia. El artista que comienza siendo escultor lo sigue siendo a pesar de que es uno de los medios más difíciles para trabajar. Nuestro movimiento escultórico es uno de los más importantes de América Latina. Nuestros escultores se mantienen activos y crean obras dinámicas", asegura Rodríguez.

En la exposición se réunen obras de Francisco Narváez, Jesús Soto, Cornelis Zitman, Víctor Valera, Pedro Briceño, Alirio Palacios, Oswaldo Vigas, Harry Abend, Edgar Guinand, Milton Becerra, Rolando Peña, Felipe Herrera, Javier Level, Carlos Medina, Rafael Barrios, Colette Delozanne, Belén Parada, Noemí Márquez, Vicente Antonorsi, James Mathison, JJ Moros y Luis Millé, entre otros.

Las creaciones de los artistas están divididas por grupos en los tres pisos de la Galería Arte Ascaso. En el primer piso se encuentran las piezas de los grandes maestros de la escultura venezolana; en el segundo, están las obras tridimensionales, incluyendo cerámica, de la generación de creadores que tuvo que competir con la pintura como recurso plástico, y en el tercer piso se exponen las obras tridimensionales de artistas contemporáneos.

"Esto comenzó siendo una exposición modesta de obras que se encontraban en la bóveda de la galería hasta que tomó un carácter antológico. Que no se refiere solamente a las obras, pues 95% de los creadores que están en la exposición está vivo. Por eso involucramos a aquellos artistas que siempre han participado en la escultura", apunta Bélgica Rodríguez.

Entre estos está el Príncipe Negro, Rolando Peña, quien expone dos piezas de la serie Las diagonales. Obras con dimensiones menores a las que llevó, en 1999, a Washington. También están los ensamblajes de objetos que recoge o colecciona Javier Level que pertenecen a las serie Transgénico.

Además, se exponen dos esculturas en cerámica de Belén Parada. Se tratan de obras geométrico-abstractas que generan movimientos y ritmos. "La cerámica ha sido un fenómeno único en Venezuela", apunta.

Sin contar las dos obras del ganador del Salón Arturo Michelena, Felipe Herrera. El creador sigue trabajando con el tema de la dualidad, de la simbología del corazón, de la poesía y de la fuerza.

Luego de este recorrido, también se aprueban, por unanimidad, las palabras de Zitman.

11 de octubre de 2012

Cuando visitaba a Frida Añez de Magasrevy en su hermosa oficina en la Gerencia Administrativa de la Corporación "Cerámicas Carabobo", observaba que su asistente colocaba la prensa del día de la cual extraía la información que a Frida le interesaba...Esa idea vino a mi mente para continuar alimentando el blog sobre Frida Añez, pues hay que mantenerlo vivo, como una forma de que su presencia no sucumba ante el olvido...Manejo la idea que Frida está leyendo lo que tanto le gustaba: estar al día con la información...Y esa es mi forma de honrarla a través de su blog.


La intensa actividad que tuvo Frida Añez desde su más temprana juventud y durante su efectiva experiencia laboral como Gerente Administrativa de la Corporación "Cerámicas Carabobo" cesó en el 2000, al iniciar el milenio sucedió un hecho que la sumió en las sombras, pero que a mi me lleva a recordarla como esa mujer dedicada a estar informada, actualizada con el devenir de los tiempos, dedicada entre otras actividades a leer y a pensar. Elaborar un blog dedicado a ella me ha empujado a disfrutar de la amistad y ponerme en sus "zapatos" cuando ya estaba dedicada a la lectura y al amor del hogar. Libros y mucha música, sosiego y aprendizaje. Tiempo dedicado a sentir, a viajar sin pasaporte, a vivir historias que también han sido un poco mías, a soñar con los amores que brotaban de las palabras. 

El regalo impagable ha sido para mi mantener vivo el blog con cosas que imagino le hubieran interesado leer de los medios de circulación que tengo a mi alcance, esa noticia o libro que surgen de los periodistas y escritores que nos comparten su existencia, su poder, su magia...Por éso este es el sendero que transitaré en este blog


30 de septiembre de 2012

Decía el Emperador Adriano en su carta a Marco Antonio (refiriéndose a Trajano) que "mucho nos cuesta percibir y reconocer la verdadera grandeza entre quienes coinciden con nosotros en la época y el camino". Esos héroes relativamente comunes que ha retratado Carlos Oteyza me hicieron pensar en los héroes de todos los días, en los de nuestro tiempo, en los que han sacrificado lo más valioso que tienen, a fin de cuentas sus días y su tiempo, para mantener viva esa llama que nos alumbre mientras damos nuestra particular resistencia, nuestro esfuerzo por evitar deslizarnos hacia nuevos tiempos de oscuridad.


Sobre "Tiempos de dictadura"

Los héroes comunes retratados por Carlos Oteyza me hicieron pensar en los de todos los días

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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
domingo 9 de septiembre de 2012  12:00 AM
Alguna vez escuché a Antonio Cova, en los días aciagos que siguieron al referéndum revocatorio de agosto 2004, resaltar las virtudes del venezolano para la resistencia y la lucha, tomando como ejemplo a los héroes de nuestra independencia. Que si somos herederos de quienes recorrieron grandes distancias a caballo con muy pocas certezas, que si lo hicieron ya no por la libertad propia sino por la de nuestros hermanos, que si por esa noble causa pasaron hambre y frío, atravesando la cordillera pobremente equipados. Recuerdo que fue en un foro en un hotel de Puerto La Cruz y también que esa tarde llovía a cántaros. Estos últimos detalles, relativamente irrelevantes, han quedado anclados en mi memoria por otra sensación, esa sí, mucho más duradera. Aquella referencia me ha resultado siempre ajena. Desde un punto de vista puramente conceptual es evidente que la gesta merece atención y a algunos les podría resultar hasta inspiradora. Pero, en mi caso, no viene asociada a ningún sentimiento de pertenencia o proximidad, al menos no más allá de los que evocarían San Martín o el mismísimo Mahatma Gandhi. 

Esa es una sensación que contrasta con el espíritu de resistencia y la inspiración que destila la película documental "Tiempos de dictadura" de Carlos Oteyza. Tengo que reconocer que al menos una fracción de esta divergencia se debe a un hecho cosmético-situacional: Los héroes de "Tiempos de dictadura"no huelen a pulpa de papel, no andaban a caballo ni exhibían patillas, ni portaban uniformes afrancesados. Más aún, algunos de ellos están detrás de mí en la cola de la entrada del cine, o más allá, en la de las cotufas, e inclusive en las butacas de unas filas más adelante ya dentro de la sala. Ahí está Isabel Carmona, luchadora política presa durante la dictadura de Pérez Jiménez, que dio a luz en la cárcel a su tercer hijo, y permaneció allí mientras los dos mayores eran cuidados por familiares. Está Américo Martín, con su sonrisa despistada, y Simón Alberto Consalvi, con una barbita de cuatro días. Aunque no los haya visto por aquí esta noche, hay también testimonios de otras figuras que nos resultan más próximas como Pompeyo Márquez o Teodoro Petkoff. Aún entre los que nos dejaron en aquella época, la memoria de Leonardo Ruiz Pineda, que se mantuvo en la clandestinidad al frente de la Dirección Nacional de AD nada menos que 42 semanas, me resulta mucho más próxima (acaso por cortesía de una amplia avenida que lleva su nombre no lejos de mi hogar en Valencia) que la de cualquier prócer. 

Eventos cruciales 

Con base en los testimonios y una amplia selección de videos e imágenes de la época (se me ha quedado grabada la imagen de Carlos Delgado Chalbaud dentro del ataúd), acompasados por la voz de Laureano Márquez, la música más apropiada según el espíritu de cada escena y un conjunto de imágenes caricaturescas para identificar los eventos cruciales sobre los cuales no existe memoria visual, Carlos Oteyza le ha entrado de frente a una época que hasta ahora ha sido dominada por la leyenda dorada, para unos, y la leyenda negra, para otros. Aunque a ratos funge como un iluminista, alumbrando de lado y lado, la conclusión es clara y contundente: No tenemos por qué escoger entre la paz social y la libertad. 

Espejo de la época 

Así, los testimonios se van entretejiendo y confirmando, en algunos casos; contrastando, en otros. Se forma así un espejo de la época que viene a depender de lo que en definitiva depende siempre la historia: de la confluencia de testimonios. Ese espejo no siempre arroja una imagen nítida, no siempre es uniforme, ni tampoco se presta a la conclusión fácil. Dentro del conjunto de testimonios que desfilan por la cinta hay dos lugares extremos que en mi opinión proveen el contexto a todos los demás: El del editor José Agustín Catalá (fallecido en diciembre pasado a sus 97 años) y el de la bailarina Yolanda Moreno. Ambos ilustran dos posiciones distintas, dos lugares en los que la llegada de la dictadura sorprende por azar a los protagonistas. El período de Pérez Jiménez en términos amplios (1948-1958) ocupa entre los 33 y los 43 años del editor del "Libro negro de la dictadura". Por esa osadía Catalá será sometido a las más crueles torturas, que narra con una serenidad e indiferencia que hielan la sangre. A la pregunta final responderá con la misma parsimonia: "Fueron tiempos de infamia". Y luego está Yolanda Moreno. A la incipiente bailarina la dictadura la sorprende en el colegio, su primer testimonio narra de forma divertida cómo recibieron la noticia de volver temprano a casa tras el golpe a Gallegos. Sus recuerdos están impregnados por los juegos y salidas callejeras (un espejo de la seguridad personal que forma parte de la leyenda dorada de la época), de los grandes desfiles de Carnaval ("en aquellos años el país entero se había convertido en un enorme desfile"), de las grandes fiestas navideñas que en 1952 distrajeron la atención del pueblo del fraude electoral perpetrado contra Jóvito Villalba. A la pregunta final responderá: "Fueron tiempos de arte". Este contraste es esencial tanto para el ritmo como para la honestidad de la película, y encierra una decisión esencial que todos, una que ya unos en mayor grado que otros, de forma explícita o dejándose llevar de a poco, hemos ido tomando con el paso de los años: ¿Hasta qué punto debemos sacrificar nuestros principios, nuestras opiniones, nuestro deseo de ser libres, a cambio de la tranquilidad, de la comodidad, de la protección de nuestro patrimonio? "En aquella época el que no desfilaba, aplaudía". La dictadura de Pérez Jiménez es particularmente ilustrativa de este dilema, toda vez que la feroz represión fue acompañada de una fenomenal expansión económica como producto del ingreso petrolero (como destaca la pe- lícula, Venezuela se convirtió en aquellos años en el mayor exportador de petróleo del mundo, mientras su economía se ubicaba entre las de mayor crecimiento en el planeta). Esa prosperidad económica la encarnan en la pe- lícula los emigrantes que, como mi padre, llegaron a Venezuela en la primera parte de los años cincuenta. "Fueron años de trabajo, de riqueza". 

Memoria visual 

Este contraste tácito es un buen ejemplo de cómo Carlos Oteyza ha conseguido destilar de los testimonios y la memoria visual de aquella época, lecciones que siguen estando muy vigentes. Allí está el fracaso de las iniciativas independientes de partidos políticos diezmados y muy mal coordinados. La imagen todopoderosa que presentaba Pérez Jiménez y la desesperanza de los dirigentes políticos venezolanos tanto aquí como en el exilio hacia finales de 1957, a días de caer el régimen (Rómulo Betancourt llegaría entonces a decir que Venezuela se aproximaba hacia una nueva era gomecista, pero su testimonio no forma parte de la película). La presión sobre los empleados públicos. "En aquellos años se demostró que militarizar a los civiles era mucho más fácil que civilizar a los militares". 

Y llego así a mi reflexión final. Decía el Emperador Adriano en su carta a Marco Antonio (refiriéndose a Trajano) que "mucho nos cuesta percibir y reconocer la verdadera grandeza entre quienes coinciden con nosotros en la época y el camino". Esos héroes relativamente comunes que ha retratado Carlos Oteyza me hicieron pensar en los héroes de todos los días, en los de nuestro tiempo, en los que han sacrificado lo más valioso que tienen, a fin de cuentas sus días y su tiempo, para mantener viva esa llama que nos alumbre mientras damos nuestra particular resistencia, nuestro esfuerzo por evitar deslizarnos hacia nuevos tiempos de oscuridad. 

@miguelsantos12

22 de septiembre de 2012

Para presentar un trabajo sobre esa época, cuando sus protagonistas o ocultan la información para que nadie asocie su vida con el perezjimenismo o hay que informarse bien, reflexionar y presentar toda la verdad e forma equilibrada e imparcial creo yo es lo correcto y lo mejor para restituir la historia de un país como Venezuela, en estos momentos cruciales de su devenir histórico.


ENTREVISTA CARLOS OTEYZA, CINEASTA

Tiempos de dictadura

"Creo que se han hecho pocos largometrajes en el país sobre la realidad histórica reciente" "No sé qué pasará el 7 de octubre, pero el país cambió. Retomar el sentido de la política ya es una triunfo"

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El director venezolano estrenará la próxima semana un nuevo documental: "Tiempos de dictadura" NICOLA ROCCO
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DANIEL FERMÍN , CARLOS OTEYZA , CINEASTA|  EL UNIVERSAL
domingo 2 de septiembre de 2012  12:00 AM
A Carlos Oteyza (Caracas, 1951) le interesa el período de Marcos Pérez Jiménez (1948-1958). La pasión del cineasta caraqueño por aquella época terminó en Tiempos de dictadura, una radiografía documental de la era predemocrática que se estrenará el próximo viernes en las salas nacionales. Diez años clave de la historia venezolana resumidos en 90 minutos. 

-¿Por qué hacer una película del período de Pérez Jiménez en estos momentos? ¿Cree que vivimos tiempos cercanos a la dictadura? 

-Yo trabajo documentales históricos desde hace 15 años. Al principio estaba interesado en hacer una biografía de Pérez Jiménez, pero luego de investigar cambié de decisión: me pareció más interesante su período que su personalidad. Fueron 10 años de hechos importantes, se transformó la ciudad, se vivió una dictadura clásica. El proyecto inició hace tres años. Creo que era importante hacerla porque así se descubre cómo llegó la democracia. 

-La película se estrena justo un mes antes de las elecciones presidenciales. ¿No podría interpretarse como una declaración de principios previo al sufragio? 

-Creo que la película va a interpretarse de varias maneras. Hubo gente que me dijo que antes de la elecciones no va a ir nadie al cine; otra, que resulta maravilloso por el momento. Uno nunca sabe el tiempo justo para estrenar la cinta. Hace tres años no sabíamos cuándo la tendríamos lista, tampoco cuándo habría elecciones. 

-Cualquiera podría pensar que también hay algo de oportunismo por la fecha. 

-Venezuela tiene elecciones casi todos los años. Si la hubiésemos sacado el 23 de enero, como quería, habrían dicho que estaba ligado a las primarias. En cualquier momento iban a decir algo. Uno no hace películas pensando en qué momento va a haber elecciones, sino porque le interesa el tema. Yo me arriesgué porque creo que hay una necesidad de conocimiento por saber qué pasaba. 

-La película no tiene ningún testimonio de chavistas. ¿Por qué no incluir alguna de sus voces para evitar el sesgo ideológico actual? 

-La película toma testimonios de los venezolanos que vivieron la época. Lo importante era el momento dado, no el de hoy. Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez eran comunistas; Isabel Carmona era de Acción Democrática, al igual que Simón Alberto Consalvi. Lo importante es que ellos me hablan en nombre de los venezolanos que estuvieron ahí. Los entrevistados no son especialistas, sino testigos. Hay una bailarina, un cantante. Yo no estoy seguro por quién van a votar ellos en estas elecciones. No lo hicimos en función de su posición actual. El objetivo es rescatar la memoria de quienes se sacrificaron por el país. Si están con Chávez o no, no es importante. La película debe perdurar más allá del chavismo. 

-La película tiene elementos que la hacen irónica o divertida. ¿El documental cinematográfico también debe entretener al espectador? 

-Hice lo posible para que la película fuera bien entretenida. Uno, como cineasta, tiene que agregar elementos para llegarle más al público: el ritmo, la utilización de animaciones, la música, el montaje. Detalles que conecten con una generación que no está acostumbrada a ver documentales en cine. 

-Algunos fragmentos de Tiempos de dictadura lucen como un reflejo de la época actual. ¿Será que la historia se repite o que el ser humano siempre es el mismo? 

-Los procesos históricos tienen diferencias y semejanzas. Sería imposible repetir la historia porque las condiciones sociales son muy distintas, pero el dilema democracia-dictadura está permanente en la historia del país. Eso está vivo. Quizás la película nos va a permiten que los venezolanos se pregunten si es bueno callarse cuando ve que las libertades empiezan a ser restringidas. 

-¿Regresar al pasado no podría ser también una forma de evadir el presente? 

-Todo lo contrario. Lo que tiene el venezolano es que evade su historia. El presente se evade al desconocer el pasado. Mientras más informado estemos, tendremos mayores posibilidades de debatir al poder. Cualquier película de carácter histórico hace más ciudadano a las personas, porque siempre va a ser un contrapoder. Lo contrario sería propaganda. 

-Hoy parece que la historia está de moda. ¿Los regímenes totalitarios despiertan la participación o el interés político del pueblo? 

-Generan incertidumbre. Eso produce la necesidad de saber más, de dudar de los hechos. Las películas o libros históricos ayudan porque el venezolano está sometido a una incertidumbre en estos momentos. Recuerda que el poder siempre quiere leer la historia en función del presente, la instrumentaliza para su propio fin. 

-El personalismo y el militarismo son factores fundamentales en la historia de Venezuela. ¿Qué lugar debe ocupar, entonces, la civilidad en estos tiempos? 

-Debe ser una razón de ser. Mientras haya venezolanos que estemos dispuesto a defender la democracia, la tolerancia, la amplitud, habrá un futuro. 

-En la época de Pérez Jiménez solo se podía filmar lo que el gobierno permitía. ¿Cómo siente que han actuado los medios de comunicación hoy ante el Estado? 

-El Gobierno se apoderó de los medios audiovisuales. Lo que sucede ahora es un retroceso. Nunca el Canal 8 se había comportado como se comporta hoy. En lo años 70 u 80, tendía a ser favorable al Estado, pero no como ahora, no como una máquina de propaganda. Los documentales que pasan entran en la línea de apoyo al Gobierno y de ataque al opositor. Eso no sucedía antes jamás. La época de Pérez Jiménez no nombraba a la oposición. 

-El venezolano suele decir que al país le hace falta más carácter. ¿Ha cubierto Chávez las expectativas de "mano dura" que muchos añoraban de Pérez Jiménez? 

-Puedo creer que en el año 98 buena parte de los venezolanos que votaron por Chávez votaron con la expectativa de que una mano dura es una manera de facilitarnos nuestra vida. No tiene sentido, luego de 14 años, considerar que el hombre fuerte aún es necesario en el país. Lo que es necesario en Venezuela es la tolerancia, la diversidad. No es el hombre, sino la participación ciudadana lo que va a contrarrestar al poder. El poder siempre existirá. Sólo hace falta ciudadanía. Y la película, quizás sea ingenuo, busca alimentar la ciudadanía. 

dfermin@eluniversal.com

Tiempos de Pérez Jiménez

AURELIO ARREAZA |  EL UNIVERSAL
sábado 22 de septiembre de 2012  12:00 AM
Mi padre fue ministro de Hacienda durante los primeros años de la dictadura y presidente del Banco Central hasta el gobierno de la Junta presidida por Wolfgang Larrazábal. Firme ocupó el cargo hasta su término legal y gracias a su honestidad no pudieron oponerse. Había decidido no ver el documental Tiempos de Dictadura; por el título intuí que no sería objetivo e imparcial. Pero me convencieron.

Yo sé de la vocación de servicio y del sincero interés por el bienestar del país que prevalecía en la mayoría de los que ocuparon altos cargos durante esos años, profesionales capaces todos. Muy lamentable que se violaron los derechos humanos de algunos dirigentes políticos (mi padre protegió y ayudó a varios) que con razón luchaban por una democracia, pero quienes también fueron responsables de la dictadura, ya que contribuyeron al derrocamiento del excelente gobierno del general Isaías Medina.

El presidente Medina estableció una política de amplitud, modernización, progreso y tolerancia, ganándose el apoyo de la gran mayoría. Abrió caminos y sentó las bases para establecer un buen sistema democrático. Sin embargo, fue depuesto por el golpe civil-militar del 18 de octubre de 1945, que eventualmente causó la dictadura.

Los militares y miembros de otros partidos consideraron sectarias, negativas y populistas muchas de las acciones de los nuevos dirigentes (acciones populistas que continuaron los años de la democracia, y que luego exacerbadas, tanto han contribuido a nuestro grave deterioro social). Por lo cual el 24 de noviembre de 1948 dieron otro golpe de Estado con la firme intención de trabajar por el bienestar del país.

El gran error del régimen fue la gran violación de los derechos humanos, cuyos excesos muchos ignorábamos. Otro, la excesiva centralización política que no permitió suficientes libertades ni el surgimiento de nuevos líderes. Pero económicamente fue descentralizado y sin duda muy ocupado en el exitoso desarrollo integral del país. La gran mayoría trabajaba, progresaba y vivía bien. ¿Que hubo corrupción? Sí, y es condenable. Pero nada comparada con la que siguió y mucho menos con la de ahora.

El documental presentó al régimen como formado por individuos solo interesados en su bienestar y como si todo lo bueno lo hacían de pantalla.  No presentó el espíritu de trabajo de sus dirigentes, cuyas cuantiosas obras de infraestructura y servicios, creación y promoción de grandes y pequeñas empresas y apertura a miles de inmigrantes calificados, hicieron de Venezuela un país de gran desarrollo y prosperidad. (Obras que bien sustentaron a los gobiernos siguientes y que han aguantado, sin mantenimiento, cada vez mas deterioradas, la inconsciencia de los últimos años). No presentó el ambiente favorable de orden y seguridad, las múltiples oportunidades de progreso y trabajo, las miles de familias que evolucionaron y llegaron a formar una gran y sólida clase media.

Se repitió durante todo el documental el tema de la persecución política. ¿Y cómo es que individuos tan asociados al Partido Comunista (cuyos regímenes han sido de los más despiadados e indiferentes al sufrimiento humano) critican esos hechos? Igual que critican los que contribuyeron al derrocamiento del presidente Medina. ¿Por qué no hay testimonios claros de varios de los miles de ciudadanos que vivían bien y tanto progresaron? Muchos de los cuales creen que ese fue el mejor gobierno del siglo XX.

Aunque disgustado por lo sesgado del documental y su poco valor histórico, pensemos que se realizó así para alertarnos más sobre la gravísima situación actual. Pero informarse bien, reflexionar y presentar toda la verdad es lo correcto y lo mejor.

www.bienestarmax.com

@bienestarmax

12 de septiembre de 2012

La historia de vida narrada en este blog es valiosa no sólo por la historia de vida que presenta sino porque sirve para conocer el marco histórico en que se desenvolvió Frida Añez en la Valencia de los años 1950, justamente cuando Marcos Pétez Jiménez fue Dictador, tiempo que marcó la modernidad en el país, y que debe ser historiado con la misma neutralidad y veracidad que hizo Carlos Oteyza con su documental sobre el estallido del pozo Zumaque 1, la Petrolia y la historia de la extracción del petróleo en Venezuela. El documental que presenta ahora Oteyza sobre esta controversial época espero sea leído imparcialmente pues se basa en material documental, como me ha tocado al ser la encargada de hacer este blog, pues nos basamos sobre documentos no sobre mentiras fabricadas para crear un personaje ficticio...y vender mentiras y utopías que tanto daño le han hecho a Venezuela a partir de la segunda mitad del S. XX


"Tiempos de dictadura" montó una hegemonía en la taquilla

El documental de Oteyza vendió casi 14 mil boletos en cuatro días

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La película retrata la época de Marcos Pérez Jiménez CORTESÍA
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DANIEL FERMÍN |  EL UNIVERSAL
miércoles 12 de septiembre de 2012  12:00 AM
Hay una máxima en el sector cinematográfico que indica que la gente no ve documentales. Tiempos de dictadura, el nuevo largometraje de Carlos Oteyza, contradijo aquel principio: la película que retrata el período presidencial de Marcos Pérez Jiménez ha llevado a casi 14 mil espectadores a las salas desde que se estrenó el viernes.

El filme del caraqueño vendió, hasta el conteo del lunes, 13.599 boletos en cuatro días (agotó más de 25 funciones). Tan bien le fue que ya tiene el mejor promedio de la taquilla. Er Conde Bond, por ejemplo, debutó con 20.027 espectadores, pero tiene más de 40 copias contra 12 del documental, que va camino a convertirse en el más taquillero en la historia del cine nacional (ver recuadro).

Al propio Oteyza, que tenía una proyección inicial de 60 mil personas, le sorprendió tanta aceptación del público. "Uno que tiene tantos años en esto, que pone el mismo empeño en cada trabajo que hace, desconoce cómo reaccionará la gente, ni cuáles son las variables de su comportamiento. Hay una gran sorpresa, me alegra el éxito", indicó el cineasta, que viene de realizar El reventón (2009).

El motivo no lo tiene claro. El momento político que vive el país, o la cercanía de las elecciones, quizás sean su mayor campaña promocional. "El pueblo está sensible a lo político, necesita alimentarse con historia. He visto que la gente mayor va con sus nietos, que los jóvenes llevan a sus padres. Cada uno tiene sus razones. Que vayan en familia a ver un documental es nuevo para mí".

La novedad no es sólo para el cineasta venezolano; también para los mismos exhibidores. Ver al público aplaudir al final de una función, gritar consignas a favor de la democracia, es algo poco común en el país. "Yo creo que el éxito se debe a tres cosas: que el documental está muy bien hecho, que tiene un plan de marketing bueno y que estamos en temporada baja de estrenos de grandesblockbusters estadounidenses", explicó Samir Al Attrach, director de comercialización de Cines Unidos, que recibió una llamada de amenaza para que la empresa no exhiba el filme.

El Circuito Gran Cine también sufrió intimidaciones. "Nos llamaron para decirnos que nos atuviéramos a las consecuencias si apoyábamos la distribución de la película. Se identificaron como un frente Perezjimenista. Nos hackearon el sitio web el sábado, el lunes fue el del Trasnocho Cultural. Estudiamos con abogados a ver si vale la pena denunciarlos", indicó Bernardo Rotundo, presidente de la distribuidora.

Todo el revuelo que ha causado el filme quizás beneficie al género, que suele ser menospreciado en Venezuela "Ojalá la gente se interese algo más por el documental, que es lo mejor que tenemos en estos momentos en el cine venezolano. Hay documentalistas importantes que nunca llegan a las salas de cine. Espero que el público le pierda el miedo a verlos", dijo el crítico Pablo Gamba, que cree que el éxito de Tiempos de dictadura se debe a que los espectadores hacen una analogía entre aquella época y la actual. Marcos Pérez Jiménez, 60 años después, genera interés. 

dfermin@eluniversal.com

25 de agosto de 2012

Poco a poco vamos comprendiendo y transmitiendo a las nuevas generaciones el legado del mecenazgo de Frida Añez cuando el Salón Nacional de las Artes del Fuego tenía el prestigio con que fue fundado. En esta oportunidad es a través del justo reconocimiento a la excelente artista Lamis Feldman, Premio Nacional de las Artes del Fuego en la categoría de Esmalte sobre metal 1980

Exposición de retrospectiva de la obra de la esmaltista Lamis Feldman


Retorno al fuego. Lamis Feldman.
                     Esmaltes 1968-1989       
En 1968 Lamis Feldman inició una aventura con el esmalte que, veintiún años más tarde, en 1989, decidió cerrar voluntariamente para entregarse a otras búsquedas, a nuevos hallazgos. Lo que el espectador tendrá ante sus ojos en esta oportunidad será, pues, el cumplimiento de aquel periplo: nada menos que un conjunto de casi seiscientas piezas que la artista atesoró celosamente desde hace dieciséis años, para fortuna nuestra, de las etapas más representativas de su trayectoria como esmaltista.
Esas etapas están caracterizadas por un lúdico ejercicio investigativo de la forma, de la cual Feldman ha dicho: "La forma en esmalte es una tragedia porque si no sigues investigando te quedas con los ceniceros, los platicos o algunas laminitas, pero cuando empiezas a hacer algo más complejo, allí entonces el fuego se alía contigo o simplemente te patea, ahí no hay términos medios, es extremismo total, y yo logré algunas formas cerradas después de haber botado no sé cuántas piezas".
El paso que la artista da desde el bowl tradicional hasta unos alargamientos, abultamientos o inconcebibles cerramientos de la vasija constituyen experiencias notables porque esas formas tan febrilmente buscadas deben cumplir su tránsito por el fuego rociadas de una sustancia tan frágil como el polvo de vidrio, y ese es el verdadero y gran sentido del esfuerzo en esta obra: la consecución de unas formas llenas de imaginación que han pasado la prueba del fuego entregándonos sus extraordinarios colores.     
La forma en manos de Lamis Feldman ha vivido una experiencia que ha sido necesario reinventar y rebautizar. Por eso, estaremos en presencia de las Daturas (1989), piezas de mediano formato llenas de un colorido poético enigmático; los Omphalos de 1972, que son formas completamente cerradas, tipo huevo; los Cantores Chatarrade 1974 donde empieza una deformación de la forma que desemboca en las llamadas Desintegradas, piezas elaboradas a muy elevadas temperaturas en las que el esmalte luce como magníficas estalactitas suspendidas en el espacio. También moldea Feldman unos diminutos Íkaros Dédalos y Lithops , etapa a la que opone luego su investigación de 1976 en la cual la vasija ha sido llevada a gran formato con proporciones que permiten visualizar derecho y revés simultáneamente; se trata de sus espectaculares Paracélsikas de las cuatro estaciones. En el ínterin, algunas formas han sido objeto de graciosas personalizaciones (con un tornillo o un cierre añadidos). Finalmente, aparecieron las Metálikas , sus piezas íntimas no por pequeñas sino por el hallazgo de un esmalte retinto y mate en cuya oscuridad reside su notable belleza.
Esta exposición ha contado con la curaduría y la museografía de John Lange, un maestro en el arte de elegir las piezas y mostrarlas en la dignidad de su belleza al público. También suyo es el diseño del cuidado catálogo que acompaña esta muestra donde se despliega la memoria de esta formidable obra de la mano de Alberto Asprino y Teresa Casique y con fotografías de Reinaldo Armas.
La visión retrospectiva de la obra de la esmaltista Lamis Feldman, Premio Nacional de las Artes del Fuego en la categoría de Esmalte 1980, representada hoy por hoy en las más prestigiosas colecciones de arte del mundo, es una invitación a adentrarnos en el mundo del color, de la poesía y del misterio que permanecerá abierta para el todo el público hasta el domingo 7 de mayo en la Sala Trasnocho Arte Contacto, Trasnocho Cultural ubicado en el sótano del Centro Comercial Paseo Las Mercedes.


Sala TAC -  993.2957
horarios de atención al público
Martes a Sábados 10:00 am a 9:00 pm
Domingos 1:00 pm a 9:00 pm

salatac@trasnochocultural.com

Hoy 25 de agosto del 2012 en el Papel Literario del diario El Nacional Judith Gerendas publica un hermoso recuento-comentario de la obra de Lamis Feldman, Ganadora del VIII Salón Nacional de las Artes del Fuego, cuando era el Salón Nacional de dichas especialidades...¡Qué de recuerdos, Venezuela!

Aunque el catálogo del VIII  Salón fue otro, en éste de la edición IX la portada es la obra con la
que obtuvo el Premio Nacional de las Artes del Fuego Lamis Feldman, que representa una 
etapa de su obra. 


El jurado ese año 1980 otorgó el máximo galardón a Lamis Feldman, siendo la 
primera vez que el Premio Nacional lo obtiene una artista del esmalte sobre metal

Jurado de Admisión: Mérida Ochoa, Alicia Benamú, Cristina Araujo, Humberto Jaimes Sánchez y Marcos Castillo. 

Jurado de Calificación: Alfredo Boulton, Frida Añez, Víctor Valera, Rafael Pineda y Hans Neumann.Premio Nacional lo gana la especialidad de esmalte sobre metal.

Año 1980
LAMIS FELDMAN(1936, Maracaibo, Edo. Zulia)
Paracélsika de inviernoEsmalte sobre metal
20,5 x 21,5 cm.
1989

Artista ganador Premio Nacional de las Artes del Fuego
VIII Salón Nacional de las Artes del Fuego (1980)
Colección Privada

Papel Literario: Aproximación a la obra de Lamis Feldman
El Nacional 25-Ago de 2012|Judit Gerendas
Es un ser humano que albergó dentro de sí la libertad y la creatividad desde la más temprana infancia, cuando decidió cambiar su nombre original por el de Lamis

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El catálogo producido por Trasnocho Arte Contacto (TAC), titulado Retorno al fuego - Lamis Feldman, es una impresionante muestra de los esmaltes creados por la artista entre 1968 y 1989.

Se dice pronto, pero es el trabajo de una larga etapa de la vida creadora de Lamis. El catálogo, del año 2006, desprende creatividad estética por todos lados, con el diseño gráfico de John Lange y de Guillermo Salas, así como con las fotografías de Reinaldo Armas.

En este contexto, digno de su valor, de sus valiosas formas, textura, color, matices y creatividad a su vez exquisita, podemos contemplar parte importante de la obra en esmalte de Lamis Feldman, esas artes del fuego en las que se destacó tanto Lamis, antes de comenzar a investigar con otros materiales, llevada por su espíritu explorador, el cual la ha impulsado a experimentar con una amplia diversidad de modalidades de las artes plásticas, innovando en todas ellas.

Lamis ha declarado numerosas veces que su obra evoca a la naturaleza. Ello, a primera vista, nos resulta sorprendente, puesto que sus obras son arte, artificio -en el mejor sentido del término-, tienden a lo abstracto.

Configuran ese caleidoscopio esplendoroso de colores, texturas, formas y diseño que, en verdad, en un acercamiento inicial no asociamos con Natura. Alberto Asprino, en su ensayo "La obra de Lamis Feldman", del mencionado catálogo, nos ayuda a comprender a qué se refiere la artista: "Capta la naturaleza en todo su esplendor, la internaliza. Se acerca a ella en perfecta comunión (...) De ello nos hablan Daturas (1978-1989) y su asombroso espectro cromático.

El cobre de sus soportes pareciera ser cómplice del color, para desnudarse ya sin pudor o fusionarse y hacerse piel única e inseparable". (1) Las palabras del autor, a su vez artista que trabaja distintos materiales, me trasladan a los tiempos de mi juventud, que coinciden con los de Lamis, cuando nos conocimos como estudiantes de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, en la segunda mitad de la década del sesenta.

Ella era una bella mujer -lo sigue siendo- de andar alado y tenue sonrisa, con un cierto parecido a Vanessa Redgrave, que se iba por las madrugadas en un carrito desvencijado que tenía a la playa, y ahí se sentaba frente al mar inmenso, sola y feliz dentro de su soledad. Yo le pregunté hace poco qué sentía en aquel entonces, enfrente del mar, y ella me contestó que fue la "imperiosa necesidad de permearme de la exuberancia del trópico, de alejarme de los 'muros de contención del concreto armado' -concreto armado en todas sus extensiones y metafóricas connotaciones y acepciones- de mi entorno, fueran personas, cosas o circunstancias".

Esa motivación tan legítima, debe complementarse con otra opinión, que es la mía: esa actitud del individuo en su absoluta soledad frente al vasto mar responde, en el caso de ella, a su irreprimible espíritu libre, y a contrastar, a partir de la fragilidad de todo ser humano, su fortaleza para aceptar ser independiente. Hoy en día Lamis sigue viviendo lejos de la ciudad, fiel a su forma de ser más auténtica.

Es un ser humano que albergó dentro de sí la libertad y la creatividad desde la más temprana infancia, cuando decidió cambiar su nombre original por el de Lamis, con el que desde entonces es conocida. Un acto de independencia extremo.

La artista comenzó su investigación con el esmalte en 1968.

Al principio trabaja con formas bi y tridimensionales. Posteriormente hace ensamblajes con
formas geométricas tro- queladas esmaltadas e investiga con distintos metales. 1971 es la época de los tazones, los vasos altos y otros objetos diseñados por ella. En 1972 comienza a investigar con la forma cerrada en base a moldes colapsables y también sobre la base de soldadura con cobre.

En 1974 se dedica a explorar la no-forma, como Alicia, que celebraba los no-cumpleaños; en esa etapa produce la serie que llamó Las desintegradas, y luego, el año siguiente, incorpora tejidos metálicos en placas montadas sobre madera.

En 1976 su investigación se orienta a lo que llama Daturas, con un asombroso despliegue cromático. Este proceso se vincula a
su tesis de grado, con la cual obtuvo, en 1973, la licenciatura en Letras, un libro de poemas titulado Olor a daturas. Ambos trabajos --el artístico (por la forma) y el poético (por el aroma)-- parten de la imagen de las muy aromáticas flores en forma de trompeta de la datura
suaveolens, planta solanaceae.

En 1977 comienza su investigación con las Latas de cobre esmaltadas. Ya en 1976 había iniciado otro proceso, el de las cestas tejidas con alambre de cobre y esmaltadas después, así como el trabajo con papeles arrugados, pétalos, envoltorios, bolsas y sobres de distintos tamaños. En 1978 realiza pases fotográficos sobre piezas ya esmaltadas. Trabajó con los prestigiosos fotógrafos Vladimir Sersa, Ricardo Armas y Alexis Pérez Luna. A partir de 1981 sigue su investigación con las Latas como elemento escultórico per
se, esta vez sin esmal- te, solo, con pátinas.

En 1988 comienza a dar un giro de 180 grados en su trabajo, lo cual implicará el abandono del esmalte, en el cual trabajó durante veintiún años, proceso que la llevó a obtener, en 1980, en el VIII Salón de las Artes del Fuego en Valencia, Venezuela, el Premio Nacional de las Artes del Fuego, el cual fue la única vez que fue otorgada, al menos hasta esa fecha, a Esmalte.

A partir de 1989 inicia nuevos planteamientos formales con diversos materiales, a replantearse la escultura y a comenzar con la pintura, con el yeso, con papel, con dibujos a lápiz. A esto dedica cerca de diez años.

En 1998 comienza investigaciones multimedia y collages, en 2002 inicia el tejido metálico con nuevos planteamientos, fecundo proceso que continúa por años, iniciando también la investigación con textiles y otros materiales, profundizando en su ya larga experiencia, a la vez que renovándose una y otra vez, con el mismo impulso juvenil que tenía cuando la conocí, hace ya tantos años.

Escuchando, tal como le dijo a Ariel Jiménez en una entrevista, cómo "el material me va diciendo lo que quiere que haga con él, y a mí me gusta investigar y jugar con sus distintas posibilidades".

De su presentación del catálogo de Quotidien, de 2001, tomo un bello trozo: "Cotidianeidad --escultura del antes, del ahora, del después--habitual compañera de soñaciones y ensoñaciones. Cotidianeidad --cual piel de tus días, de tus años, de tus eternidades".

Lamis Feldman se enfrentó al mundo para poder realizar su obra. Tuvo que tomar decisiones dramáticas, dado que
otros seres humanos --llevados por esas buenas intenciones de las que está empedrado el camino al infierno-- tomaron decisiones por ella, que luego tuvo que nivelar, para poder responder a su vocación más profunda, irrenunciable. Tuvo el valor de hacerlo y la fortaleza de la constancia, de la cual da fe su impresionante hoja de vida, que registra cuán intensamente se dedicó a su quehacer artístico.

"Siempre he sentido necesidad de expresar", había afirmado ya, rotunda, en una entrevista que le hizo Claudio Perna en 1972. Y agrega, profundizando en su idea con audacia: "Todo es arte. Hacer arte es hacer bien cualquier cosa.

Diseñar, grabar, decidir el color de una pieza después de un mes de trabajo y con resultados imprevistos, es como resolver un problema de electrónica".

Y este sería su Ars poetica: "Lo que respalda el trabajo del artista es el amor impresionante por su quehacer y si quieres, el muy alto nivel de la vibración que posee. Copiar es fracasar.

Cuando se presiente, se siente, lo que ocurre es indecible".


2 Hacer una relación de todas las exposiciones que Lamis ha realizado, y las distinciones que ha recibido, excede las posibilidades de la dimensión de este trabajo. Hizo exposiciones a lo largo y a lo ancho de Venezuela, así como otras internacionales. La más reciente de ellas se inauguró en mayo de 2012, en la Sala Trasnocho Arte Contemporáneo. Ferias, Encuentros, la Galería de Arte Nacional, el Museo de Arte Contemporáneo, la Venezuelan Arts Center de Nueva York, la Sutton Gallery de la misma ciudad, la Fundación Mendoza, el Salón de Arte Hebraica, el Museo Jacobo Borges, entre muchos otros espacios ofrecidos al arte mostraron sus obras.

En 2005 obtuvo el Premio Guayana de la VIII Bienal Nacional de Escultura Francisco Narváez, en Porlamar; en 2004 el Premio Best of the Show de la III Bienal Internacional Mujeres en el Arte Textil; en 2002 el Primer Premio en la categoría Tridimensional del III Salón Universitario de Arte, de la Universidad Central de Venezuela, para mencionar sólo las más recientes, de una larga lista que va de 1974 a 2005.

Obras suyas se encuentran en el Museo de Bellas Artes, en el Museo de Arte Contemporáneo, en la Galería de Arte Nacional, en la Universidad Simón Bolívar, en el Palacio de Miraflores, en la Casa Blanca de Washington, en la Fundación Polar y en muchos otros espacios.

Lamis Feldman sigue vivien- do fuera de Caracas, independiente, enfundada en su eterno suéter gris, dedicada ahora a una nueva actividad: la traducción del inglés al español a Kálevala, antiquísimo poema épico finlandés del que ella se enamoró a primera vista. Es su amor a la poesía la que está presente en todo lo que realiza, sea en el campo que sea. Ello me hace recordar una anécdota, con la cual voy a cerrar esta breve síntesis de una vida y de una obra admirables. Cuando éramos estudiantes de Letras, tuvimos el privilegio de ser alumnas del profesor Ángel Rosenblat. En un interrogatorio oral, Rosenblat le hizo una pregunta a Lamis de orden muy técnico, para la cual, en el sentido estricto del término, ella no tenía ni la más remota idea cuál era la respuesta. Se trataba de algo que tenía que ver con el por qué una frase se formulaba de la manera en la que se hacía.

Pero Lamis no dudó en dar una veloz respuesta: "porque así resulta muy poético".

El profesor, con sus ojos azules de mirada irónica la contempló un rato y luego dijo, muy suavemente: "Señorita Feldman ... En la vida no todo es poesía".

Era un gran profesor, y aprendimos mucho con él. Pero creo que en este caso, al menos en relación a Lamis, se equivocó, porque para ella, sin proponérselo, sin programarlo, en su vida todo fue, y es, poesía, más allá del dolor y de todas las dificultades.