La historia de Frida Añez en Carabobo a partir de 1950

Este blog nos narra la historia de una mujer que marcó de forma única la cultura en Valencia, Estado Carabobo entre 1950 y 2000

13 de febrero de 2014

Recuerdos del pasado hoy 13 de febrero del 2014 en el Día de la Radio, como un homenaje a Frida Añez, joven locutora en los incipientes días de la radiodifusión en Valencia (II)

Aires de radio

Novela de sueños que no tiene final
  Luis Cisneros Cróquer


Entre la década de los treinta y los albores de los sesenta, hombres y mujeres llenaron de ilusiones las mejores horas de sus oyentes. Ninguno se hizo rico, pero de seguro que no hay nadie que haya disfrutado más de la vida.
Para el prólogo de mi libro, escrito a dos manos con Wilmer Rafael Hernández, mi sobrino David Ruthman Cisneros escribió un prólogo lleno de candidez interpretativa del mundo que me ha tocado vivir por cincuenta años de mi existencia. Dijo David: "La comunicación como manifestación y necesidad del hombre, a lo largo de su existencia, ha sido la maravillosa herramienta de su propio desarrollo. 'Aires de Radio' es un libro que guarda los recuerdos de los pioneros de la radiodifusión en nuestro estado Carabobo. Es la lección de la historia pequeña".
La primera etapa de la radio en Carabobo nace bajo el dominio del caudillo del siglo XX, Juan Vicente Gómez. Valencia no era más que una pequeña ciudad de techos rojos, de tranvía, de azahares y de zaguanes amplios, del pumpá y la cortesía, de los bailes en el Centro de Amigos y de aquellas famosas y traicioneras bolitas negras que impedían el ingreso del "indeseable". El río bajaba presuroso lleno de sardinas y hasta peces de regular tamaño; los muchachos de La Candelaria venían a bañarse y a pelear con los dueños del patio, "los morreños, mata santos". "Era la villa mediana de medianos medios", que definió Pocaterra. Se acudía a ver la Mujer X, y los adolescentes del Cine Mundial trepaban las barreras para encontrarse furtivamente con las muchachas de entonces. Eran aquellas parroquias tranquilas, de pulperías y de cerros, de samanes, de Perfecto Mendoza, de Lázaro en sus calles, de Luis Augusto Núñez recogiendo la angustia de su pecho para incrustarla en sus versos.
Es en este ambiente donde debuta la radio con el nacimiento de La Voz de Carabobo. El 2 de febrero de 1935 sale al aire y es captada por quienes poseen un radio receptor La Voz de Carabobo. Con ella se iniciaría la historia de la radiodifusión valenciana y Hermán y Guillermo Degwitz, sembrarían en el fértil suelo de la conciencia ciudadana y de la recreación popular una semilla que con el riego de las voces cambiaría el destino de la ciudad.
Valencia es una ciudad de tranvías, de caballeros que se inclinan al paso de las damas, de piropos elegantes y de rezos en la iglesia más cercana. Se abre paso lentamente hacia el norte y en el sur alegran las sementeras. Huele a trabajo y a paz, la cultura busca sus viejas huellas y la poesía encuentra abrigo en la musa de los vates populares. La Voz de Carabobo prácticamente irrumpe en aquella sociedad que se esconde tras las puertas y los zaguanes apenas se marcha el sol. Pero ya para el año 1936 una empresa se impulsa para crear la segunda emisora, la Radio Valencia. Los hermanos Cróquer y los hermanos Aché Gubaira son los protagonistas de esta nueva aventura y ya habrá oportunidad de competir y de poner de manifiesto la creatividad de los profesionales de ambas estaciones.
Eran jóvenes los precursores de aquella radiodifusión en pañales: Ramón Núñez, Pedro Henríquez Peraza, Miguel Eduardo Vásquez Romero, Miguel y Teodoro Aché, Santiago Sánchez González, Armando y Héctor Hernández Vera, Eduardo Divo, José Isaac, Luis Rafael Betancourt y Galíndez, Eugenio Cortez (Zonhamir), el bachiller Burgos, Rafael Zerpa, Francisco Guédez Martínez, Félix Roberto Turiaf, Diego Luis Pereira, Pablo Morales Oviedo. Luego vendrían: José Luis Zarzalejo, Eduardo Zárraga Seittiffe, Manolo Fachín, Jorge Lamas, Emilio Griswold La Cruz, Francisco Morales Ruthmann, Hipólito Vásquez y los nuevos valores de entonces: Luis Segundo Pérez Lara, Alberto Ochoa Rotjes, Carlos Bello González, José Manuel González Palacios, Luis Paredes, Carlos Tovar Bracho, Saúl Martínez, Pedro Miguel Suárez, Gustavo Pineda, Jesús Matos, Armando Olavarría Iturriza, Juan Leonardo Nazar, Freddy Olavarría Iturriza, Pepe Vitale, Luis Cisneros Cróquer, José Luis Zurita, Joaquín Jiménez González, José Ramón Minguet, Eligio José Tortolero.
A esta etapa de la radio que se prolonga hasta la década del 50 le sigue la "revolución de la radio" con el nacimiento de Radio 810, una empresa que emprenden: Santiago Sánchez González, Miguel Eduardo Vásquez, Atilio Ormezano y José Francisco Morales Ruthmann. Noticias, novelas, música de primera calidad, conforman la tarjeta de presentación. La radio se hace calle e interviene, con la decisión de su fundador-director, en la tarea del desarrollo regional. Toda una cátedra de radio participativa. Más tarde y por iniciativa del padre Bernardo Heredia se instala la Radio América. El sacerdote, que tenía un programa religioso en Radio Valencia, se lleva a Manolo Fachín, quien era la voz taurina a las seis de la tarde en la misma emisora de los Aché. Comienza otra etapa que no ha terminado de una emisora que usa un lenguaje de pueblo y que se mete por los nacientes barrios para mantener una onda de alegría y de alta sintonía. Años más tarde y cuando Alí Caccavale ha salido de Miraflores y del Diario Hoy, surge la Radio Mía, que instrumenta una programación juvenil que luego se convertiría en el cartel musical de las FM. Años después algunos propietarios de Radio 810 deciden vender, con la oposición de Sánchez. Esta emisora pasa al bloque de RadioVisión, de los Cisneros Rendiles. Santiago no cesa, sigue empeñoso y con el poco dinero que le ha quedado logra obtener el recurso para instalar y poner en el aire una nueva emisora, Radio Latina AM y, como es su costumbre, la emisora viene para innovar, para sentar cátedra de buena radiodifusión. Las emisoras FM llegan con retardo, pero es nuevamente Santiago Sánchez el gran propulsor. Había comprado equipos con antelación y le regala a Valencia su tercera emisora: Latina 99. FM, otra victoria del gran promotor que nacido en Aragua de Barcelona, la Atenas de Oriente, llegó a Valencia y de empleado de la tienda de Pepito Prieto, El Pabellón Rojo, se convirtió en locutor de La Voz de Carabobo y al lado de Pedro Henríquez Peraza y Eduardo Zárraga Seittiffe, inició una brillante y ejemplar carrera de promotor radiofónico.

LLEGO LA TELEVISION
Valencia fue la tercera ciudad en tener un canal de televisión propio. Primero fue Caracas y luego Maracaibo. Dos grandes e inolvidables personajes hacen posible el sueño: Miguel Aché Gubaira y Teodoro Gubaira Bajos. Ocurre en 1958 al poco tiempo del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez. Radio Valencia Televisión se llamó este Canal 13. Allí ingresó Fernando Rodríguez Lira, recién salido de la Escuela Técnica Industrial para laborar durante dos años como asistente técnico en aquellos equipos de la marca inglesa Marconi. En la llamada Esquina de La Concha, Calle Michelena, se instalaron los equipos. No había mucho dinero, de modo que la moderna unidad móvil que se había adquirido servía de garantía para los préstamos bancarios. No hubo tampoco apoyo económico, Valencia apenas comenzaba el gran desarrollo industrial que vino después, así que los propietarios, con mucho dolor, aceptaron la propuesta de don Diego Cisneros Bermúdez y vendieron la frecuencia que entonces, con un edificio moderno en la Urbanización Los Colorados, pasó a llamarse Teletrece, hoy NC Televisión de los Niños Cantores.


El medio de las anécdotas

No se puede hablar de radio sin caer en la anécdota, en la entraña misma de la vida de los hombres y mujeres, felices digo yo, aunque la paga sea poca. La radio era un instituto tecnológico. Juan Ramón Castellanos, "Juan Chivita", un humilde hombre del pueblo, se hizo técnico. A los nueve años Aldemaro Romero empuñaba la guitarra. Los Aché y sus primos Gubaira deleitaban a los radioescuchas con canciones y comedias, Mauricio era "el cantante incógnito" y Teodoro tenía una comedia donde él era Fun Chan y hablaba como los chinos: "Yo le vengo a decil que no se pleocupe Fun Chan! Y sonaba un tremendo y vibrante gong que opacaba los tambores de Fu-Man-Chu.
Un personaje de quilates con cuyas actuaciones y amistad nos sentimos gratamente halagados es sin duda Eduardo Zárraga Seittiffe. El mismo narra sus comienzos como anunciador de los precios de los artículos en el Mercado Libre de La Candelaria. Como tenía buena voz, los estudiantes lo escogieron para que leyera el Boletín Cultural que redactaban. Así que como don Guillermo Degwitz dio el permiso, Eduardo combinaba su lectura de precios en el mercado con la lectura del boletín. En eso lo descubrió Santiago Sánchez, quien tenía ya formada su Publicidad Sango y lo metió oficialmente en la radio al lado de Pedro Henríquez hasta que se marchó a Caracas llevado de la mano de José Marcano Cuello. Llegaría muy lejos Eduardo, hasta La Voz de los Estados Unidos, la BBC de Londres y como estrella indiscutible de la casa de Radio Caracas... Las cuñas de entonces se redactaban a dos voces y se transmitían en vivo. Vaya este ejemplo entre Pedro Henríquez, Eduardo y Santiago: Uno decía: "La Farmacia Miranda siempre llega primero"... y el otro contestaba: "Y en eso está de acuerdo el mundo entero".
"El Niño en la Radio" fue un programa estelar de los domingos en La Voz de Carabobo, primero con su fundador, Miguel Eduardo Vásquez, y después con el incansable Emilio Griswold La Cruz, acompañado por la guitarra y la docencia de Julio Centeno. Miguel Aché fue genial, lo quisimos mucho; llegó a transmitir juegos de bolas criollas y finalmente partidas de dominó.
Por las emisoras valencianas desfilaron los más grandes artistas nacionales e internacionales. El récord lo tuvo Radio 810, pero en el comienzo, tanto La Voz de Carabobo como Radio Valencia montaron muy buenos programas musicales. Para no quedarse atrás, Radio América tenía su orquesta de planta y allí descollaron el maestro Casas y Paco Guillén. La radio era vida de familia, de barriada, de comentario, de amistad; el locutor era apreciado grandemente y se esforzaba por pronunciar bien, por mantener el equilibrio necesario para ser un comunicador cultural. Hay que recordar hoy, pasados tantos años, aquellas voces de: Miguel Toro, Gregory Moreno, Pepe Morales, Gustavo Pineda y el propio Santiago Sánchez, Pedro Miguel Suárez, Chang de Alessandro, Manolo Fachín de Bonni, Alberto Ochoa Rotjes, Luis Segundo Pérez Lara, Apitz Rodees, Armando Olavarría Iturriza, Freddy Olavarría Iturriza, José Luis Seijas Núñez, Miguel Halabí, Gerardo Saer, Manuel Felipe Núñez, Fernando Alvarado Machado, Alfredo Rivero Nadal, Fernando Rodríguez Lira, Eligio José Tortolero, Jose Luis Zurita, Jesús Matos, Olga Sánchez, Yolanda Sánchez, Rosita España, Carlos Miguel López, Juan N. Jaimes, Joaquín Jiménez González, Carlos Bello González, Andrés Pérez Oráa, Carlos Viso del Prette, Luis Paredes, Carlos Tovar Bracho, Ernesto Ruiz, Héctor Haro, José Manuel González Palacio, Haidée Cadet. David Andrade conocido como Jeandavid Andrade êsa fue la escuela que nos enseñó y nos dio tanto...



Ondas hertzianas
Juan Correa
Valencia, a pesar del régimen de terror que la subyugaba, parecía feliz. Como indiferente al acontecer político y social. Como resignada, la mayor parte de la población, a convivir con el infortunio.
Alguna de esa gente era adulante y servil. Y también los había fervorosos y fanáticos partidarios del Gobierno. Cualquier oposición a Gómez y a los gomeros era casual y aislada y, por supuesto, muy solapada.
Como se iniciaba, en el mundo, la radiodifusión, en Valencia, cada familia ambicionaba poseer un receptor. Ya desde 1925 había salido al aire la primera estación radiodifusora venezolana, la Broadcasting Central de Caracas, o AYRE, que en 1930 cambiaría su nombre por el de Radio Caracas; y en 1926 la Central de Radiotelefonía que comunicaba al país con Francia por cable. En 1932 había sido inaugurada otra estación radiofónica: la Radiodifusora Venezuela.
En conocimiento de que Montes de Oca no tenía aparato de radio, sospechosamente un vendedor ambulante lo visitó.
-La radio es un gran invento. Me agradaría tener un radio -atajó las explicaciones del vendedor-, pero no... No. No quiero comprar un radio ahora. ¿Qué noticias podría yo escuchar sino las que este Gobierno permite? Yo soy un amante de la libertad. Regrese, amigo mío, cuando la voz de la libertad sea la que se escuche.


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