La historia de Frida Añez en Carabobo a partir de 1950

Este blog nos narra la historia de una mujer que marcó de forma única la cultura en Valencia, Estado Carabobo entre 1950 y 2000

11 de abril de 2016

FELIZ CUMPLEAÑOS, QUERIDA FRIDA.



HOY 11 DE ABRIL DEL 2016 CUMPLE UN AÑO MÁS DE VIDA FRIDA AÑEZ DE
MAGASREVY.
QUIENES LA QUEREMOS Y TENEMOS SIEMPRE PRESENTE COMO LA GRAN
DAMA DE LA CULTURA VALENCIANA, LE DESEAMOS MUCHAS FELICIDADES
EN UNIÓN DE SU ESPOSO, EL DR. JANOS MAGASREVY.

30 de marzo de 2016

Jacobo Borges disertará sobre el teatro y el cine venezolano El pintor participó en las escenografías y vestuarios de montajes de obras de los venezolanos César Rengifo, Arturo Uslar Pietri y de autores internaciones como Víctor Hugo o Shakespeare.

El Universal 29 de marzo de 2016 17:30 PM
Como parte de la programación especial de la muestra Jacobo Borges que se exhibe en la Galería Freites, de Las Mercedes, el pintor disertará sobre su vínculo con las artes escénicas y sus aportes al cine nacional el sábado 2 de abril.

Durante más de tres décadas, Borges participó en montajes que se realizaron entre los años cincuenta y ochenta en el país. Además, la teatralidad se encuentra presente en gran parte de su obra pictórica, como lo refleja la serie La Materia del tiempo.
La creación de escenografías y vestuarios las empezó a desarrollar en 1958, para destacados montajes de obras teatrales de los venezolanos César Rengifo y Arturo Uslar Pietri, así como en diversas versiones de los textos de Víctor Hugo, Shakespeare, Camus, Tennessee Williams y García Lorca.
A finales de los años setenta, los montajes de Borges revolucionaron la escena local. Entre las obras representadas en esa época se encuentran El testamento del perro, que dirigió Álvaro de Rosón; Los ángeles terribles, de Román Chalbaud, que se presentó en el Teatro Alberto de Paz y Mateos; y Lo que dejó la tempestad, de César Rengifo, que contó con la puesta en escena de José Ignacio Cabrujas en el Teatro Nacional.
Más recientemente, sus propuestas de danza para la compañía Buglisi Dance Theatre de Nueva York también se suman entre sus aportes a las artes escénicas. En la última década desarrolló dos versiones del espectáculo multimedia La Tempestad, que estructuró junto con su hija Ximena Borges en Caracas. Todas estas experiencias teatrales serán parte del registro audiovisual que ofrecerá al público el maestro Jacobo Borges este sábado. 
Por su parte, el cine también estará representado en este encuentro, con el documental Al paredón, de Mario Mitrotti, realizado en 1971, donde el propio Borges participó como actor. Este filme político ganó importantes premios y menciones en Festivales de Francia, Alemania, Polonia y Colombia. 
La exposición Jacobo Borges traza un recorrido antológico por los últimos 30 años de producción creativa del maestro, bajo la curaduría de María Luz Cárdenas. Una selección de sus cuadros más representativos, realizados desde 1986 hasta la actualidad, a través de los cuales el espectador puede apreciar una suerte de inventario de los problemas y estructuras que marcan la obra de Borges. La muestra servirá de escenario para este recorrido visual en el tiempo por las artes escénicas y el cine. La entrada es libre.

28 de marzo de 2016

A los rigores del duelo universal por las muertes de Umberto Eco y de Harper Lee, América Latina ha tenido que asumir también la pérdida de la poeta, ensayista, narradora, periodista y animadora cultural Rosario Ferré, la intelectual más importante de la literatura contemporánea de Puerto Rico.

Híbrida, libre y asociada


Rosario Ferré / Foto La República

“La señora Ferré publicó decenas de libros de prosa de ficción en los que narró, desde su experiencia y con un estilo depurado y agudo, la vida y los entresijos de la alta sociedad puertorriqueña a la que pertenecía su familia”

A los rigores del duelo universal por las muertes de Umberto Eco y de Harper Lee, América Latina ha tenido que asumir también la pérdida de la poeta, ensayista, narradora, periodista y animadora cultural Rosario Ferré, la intelectual más importante de la literatura contemporánea de Puerto Rico.
Había nacido en la ciudad de Ponce, en 1938, y comenzó a publicar poemas y reseñas a los 14 años en el diario El Nuevo Día, fundado por su padre. Estudió en Estados Unidos y, en la década del 70, regresó a San Juan y realizó una maestría en español y en asuntos latinoamericanos. Por esa fecha fundó la revista Zona de Carga y Descarga para dar a conocer a los nuevos autores del país y defender el movimiento independentista. Por lo que dicen sus biógrafos, siguió interesada en publicar a los más jóvenes, pero con relación a la independencia de la isla, cambió de idea.
La señora Ferré publicó decenas de libros de prosa de ficción en los que narró, desde su experiencia y con un estilo depurado y agudo, la vida y los entresijos de la alta sociedad puertorriqueña a la que pertenecía su familia. Entre los libros más destacados de esta zona de su trabajo literario están La casa de la laguna, La batalla de las vírgenes, Papeles de Pandora y El cuento envenenado.
Comenzó su larga incursión en las letras con unos versos aislados en un periódico y llegó a publicar cinco libros de poemas. El último, titulado Fisuras, salió de la imprenta en 2006, cuando ya tenía en las librerías Duelo del lenguaje, Las dos Venecias, Fábulas de la garza desangrada y una antología con una selección de su obra poética.
La escritora, una defensora tenaz del uso del idioma español en Puerto Rico, se destacó también por sus libros dedicados a los niños y los adolescentes y era una especialista en la literatura de algunos de los más importantes autores de su continente.
Esta semana, la mexicana Elena Poniatowska recordaba que “Julieta Campos y yo la considerábamos la mejor escritora latinoamericana. Todavía hoy, su libro Papeles de Pandora, publicado en México por Joaquín Mortiz, lo demuestra, como lo demuestran sus ensayos sobre Liliam Hellman, Lezama Lima, George Sand, Anaïs Nin, Cortázar, Borges, Felisberto Hernández sobre quien preparó su tesis de doctorado”.
Ferré dijo hace años en una conferencia que escribía porque le tenía más miedo al silencio que a la palabra y, además, nunca sabía a ciencia cierta lo que pensaba hasta que no lo veía escrito en una hoja. “He tenido muchas vidas”, añadió, “y en todas mis vidas he tratado de hacer una cosa fundamental: devolverle al puertorriqueño su respeto a sí mismo”.
Con franqueza, coraje y un poco de humor para matizar, la escritora explicó en una polémica columna publicada en The New York Timessu visión sobre el complejo asunto de ser ciudadano de un Estado libre asociado a su poderoso vecino del norte: “Como escritora puertorriqueña, constantemente me enfrento al problema de la doble identidad. Cuando viajo a Estados Unidos soy una latina como Chita Rivera. Pero en América Latina me siento más norteamericana que John Wayne. Ser puertorriqueño es ser un híbrido, nuestras dos mitades son inseparables, no podemos prescindir de una sin sentirnos mutilados”.
Madrid, 27 de febrero de 2016

“El lector permanecerá sorprendido frente a imágenes que fluyen con suma potencia y que hacen que la memoria apunte a diversos momentos históricos y personajes de la Venezuela de antaño”

La Paciencia: La exuberante prosa de Alicia Freilich


Alicia Freilich / Foto Ideas de Babel
“El lector permanecerá sorprendido frente a imágenes que fluyen con suma potencia y que hacen que la memoria apunte a diversos momentos históricos y personajes de la Venezuela de antaño”

La novela Vieja verde de Alicia Freilich (Caracas, 1939) es un texto donde se despliega una prosa de gran exuberancia. En efecto, mediante ricas texturas, la autora construye varios planos discursivos que apuntan a lo que fue el cambio del sistema político y el descalabro o “deslave” que significó la revolución bolivariana que sustituyó al sistema democrático que imperó en Venezuela hasta 1998.
Esa multiplicidad de planos y la musicalidad del discurso devienen en una suerte de acontecer caleidoscópico donde quedan en primer plano las vivencias de Fulgencia; una mujer ya madura que de pronto y con una vida en cierto modo “hecha” se ve experimentando un país donde todos los valores y referencias conocidos han sido trastocados en pos de un supuesto mar de la felicidad que nunca llegó y que, a estas alturas, a pesar de que el discurso oficial sostenga lo contrario, tampoco llegará. Ese hecho de tener que empezar de cero luego del arrase que significó la llegada de una casta política que lo demolió todo es justo a lo que se refiere el título de la pieza, a la necesidad de ser resilientes en esta nueva realidad. El ensamblaje de los planos narrativos recuerda formas propias del jazz y de la música latina. Hay, si se quiere, una representación excelsa de lo que es el tempo y la rítmica urbana criolla.
Los referentes relativos a la cultura popular, asimismo, abundan en el relato. El lector permanecerá sorprendido frente a imágenes que fluyen con suma potencia y que hacen que la memoria apunte a diversos momentos históricos y personajes de la Venezuela de antaño. Fue magistral la referencia al deslave de Vargas del año 1999, en el sentido de que dicho evento es en sí el artificio del artefacto. Todas las anécdotas que van apareciendo luego en torno a la protagonista tienen que ver con el descalabro en todos los órdenes que significó la llegada del chavismo. Adicionalmente, el fenómeno comunicacional que significó la revolución, al igual que las lecturas mediáticas que dicha maquinaria informativa daba a uno u otro personaje, así como a eventos históricos, está muy bien planteado en el texto. A ello justamente se refiere la manera cómo en la segunda parte de la novela la protagonista aparece perseguida por diversos cuerpos de seguridad que tenían todos entre sí contradicciones respecto al personaje tras cuya pista estaban. Pienso que los matices que aparecen en dichas secuencias, más allá de la estética propia de la novela policiaca, tienen tonalidades muy kitsch al estilo del “secret agent” de los años sesenta.
Es importante decir que cualquier gradación de naturaleza erótica que pueda aparecer en el texto es más bien secundaria, aquí de lo que se trata es de una reflexión de fondo en torno al devenir político y social de la nación.
Quizá la larguísima trayectoria y maestría de Alicia Freilich como observadora y escritora de un país que ha experimentado profundos cambios a través de sus distintos períodos históricos le dan una perspectiva superlativa en torno a la identidad e implicaciones últimas de la venezolanidad. Esta autora ha tenido un aporte sustancial a la nación mediante sus años escribiendo textos de gran agudeza para El Nacional, al igual que para otros importantes medios. Asimismo, su contribución a través de los medios audiovisuales fue sumamente relevante.
Freilich ultimadamente extiende al venezolano actual una invitación a reflexionar en relación a la realidad presente; a sus causas y al quiénes somos, al igual que al camino hacia el cual se dirige el porvenir nacional. Pienso que más allá de las consideraciones estéticas en torno a esta potente prosa, hay aquí de fondo un trabajo que responde a un sesudo cuestionamiento, así como una propuesta al lector para la inauguración de un nuevo territorio donde prevalezcan la libertad y los valores del individuo, más allá de las abstracciones de un colectivo que ha servido de pretexto para la violación sistemática de los derechos individuales.
Asistimos con esta novela de Alicia Freilich a una obra muy sedimentada y donde todo responde a una honda elaboración; este texto es un homenaje a una autora que ha tenido una contribución perseverante y decisiva en el quehacer de nuestros valores culturales, así como de nuestra conciencia histórica.

Vieja verde
Alicia Freilich
Editorial Eclepsidra
2da edición. Caracas, 2015

27 de marzo de 2016

Alfredo Armas Alfonzo: “Es considerado como el pionero y uno de los principales cultores de la así llamada mini ficción en Venezuela, lo que se puede constatar en la veintena de libros de cuentos que publicó, que incluyen unos 356 textos, en su mayoría inferiores a una página”

Ednodio Quintero y los cuentistas venezolanos
7/33: Alfredo Armas Alfonzo


Alfredo Armas Alfonzo / Foto Tom Grillo. Archivo El Nacional

“Es considerado como el pionero y uno de los principales cultores de la así llamada mini ficción en Venezuela, lo que se puede constatar en la veintena de libros de cuentos que publicó, que incluyen unos 356 textos, en su mayoría inferiores a una página”

Clarines, 1921 – Caracas, 1990. Nace en el seno de una familia culta y acomodada, en la región de Unare, tierra adentro del oriente venezolano. Ejerce desde muy joven y a lo largo de su vida el periodismo cultural, y en su condición de responsable de importantes proyectos editoriales, como la famosa revista “El farol” (fue su Director durante doce años), expresará sus preocupaciones por la divulgación y conservación del patrimonio cultural del país, con particular énfasis en el folclore. Desde 1943 hasta su último día colabora en el diario El Nacional. Estudia en la recién fundada Escuela de Periodismo de la UCV (1944). Se desempeña durante varios años como Director de Cultura de la Universidad de Oriente. Entre 1970 y 1980 ejerce algunos cargos relacionados con las políticas culturales públicas, y dirige la Editorial Equinoccio y la revista Tiempo Real de la Universidad Simón Bolívar. Recibe importantes reconocimientos a su obra, como el Premio de Cuentos de El Nacional (1954), el premio Nacional de Literatura (1969) y el Doctorado Honoris Causa de la UDO (1986).
Armas Alfonzo es considerado como el pionero y uno de los principales cultores de la así llamada mini ficción en Venezuela, lo que se puede constatar en la veintena de libros de cuentos que publicó, que incluyen unos 356 textos, en su mayoría inferiores a una página. En ese amplísimo repertorio aparecen los recuerdos de infancia y juventud del autor así como la memoria de una saga familiar y su entorno, rico en leyendas, mitos y sucesos cotidianos e insólitos, todo ello entrecruzado con el recuento de una serie de anécdotas e historias sangrientas o tragicómicas relacionadas con las montoneras del siglo XIX y comienzos del XX. Desde Los cielos de la muerte(1949) hasta Los desiertos del ángel (1990), pasando por Los lamederos del diablo (1956), Como el polvo (1967), Agosto y otros difuntos (1972), Este resto de llanto que me queda (1987), su única novela, solo por hacer un recuento parcial, Armas Alfonzo va tejiendo una inmensa saga que representa uno de los proyectos totalizadores más orgánicos y exhaustivos de la literatura venezolana del siglo XX. En este sentido se puede afirmar que el autor crea un universo autónomo, un territorio a la medida de sus sueños, un mundo nuevo basado en la memoria y en el afán de rescatar del olvido la historia de una región… La nostalgia por un paraíso perdido está presente en las centenares de páginas que nos legara Armas Alfonzo, “El Adán triste” como muy bien lo definiera Julio Miranda.
La obra cumbre de Armas Alfonzo es sin ninguna duda el extraordinario libro El osario de Dios (1969), formado por 158 textos breves que pudieran ser leídos, por su unidad temática y su original estilo, como una novela fragmentaria. Nos enfrentamos a un lenguaje complejo, enraizado en la más pura oralidad, cercano a un dialecto arcaico y al mismo tiempo rico en matices, que por momentos nos hace recordar la prosa galopante de Guimaraes Rosa. La descripción de una naturaleza prodigiosa, con todos sus pormenores vegetales, animales y climáticos, el acercamiento a una religiosidad teñida de burla y paganismo, con alusiones al encantamiento y la brujería, el erotismo turbio y perturbador que no excluye el animalismo, la violencia sanguinaria propia de lo rural, y, los avatares e infortunios de la guerra, sin ánimo de agotar la variedad temática de estos relatos magistrales, constituyen los ejes de una narración eficaz que da relieve y significación al conjunto, como un todo.
En El osario de Dios, al igual que en el resto de su obra, Armas Alfonzo demuestra su maestría en la creación de personajes mediante unos pocos trazos certeros, y las voces, como un coro colectivo, dan cuenta de un mundo perdido, un mundo que solo la literatura será capaz de rescatar. Y así el valle de Unare, ubicado en una apartada región de nuestro país, reclama su lugar al lado de la Yoknapatawpha de Faulkner, la Comala de Rulfo y el Macondo de García Márquez.
Haciendo una excepción en el criterio de esta antología, que incluye un relato por autor, en el caso de Armas Alfonzo hemos seleccionado diez textos de El osario de Dios, pues uno solo en su brevedad no habría resultado representativo de la obra de su autor.

23 de marzo de 2016

El Carabobeño de Valencia también llamado Diario del Centro se convierte en la decimocuarta publicación impresa venezolana que, entre agosto de 2013 y lo que va de 2016, han salido de circulación, tres de manera definitiva y la mayoría de forma temporal, por dificultades de acceso a papel periódico, según datos de la ONG Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS Venezuela)



El Carabobeño de Valencia cierra hoy su edición impresa

17/03/2016
El también llamado Diario del Centro se convierte en la decimocuarta publicación impresa venezolana que, entre agosto de 2013 y lo que va de 2016, han salido de circulación, tres de manera definitiva y la mayoría de forma temporal, por dificultades de acceso a papel periódico, según datos de la ONG Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS Venezuela).
Pese a que antes hubo cuatro ventas efectivas, desde hace un año exacto el Gobierno nacional no le comercializa esta materia prima a El Carabobeño, aseguró Carolina González, su jefa de Redacción. “Creemos que estamos pagando las consecuencias de mantener una línea editorial independiente”, argumentó la periodista.
En IPYS, una organización no gubernamental que documenta ataques a las libertades de expresión y de prensa, califican este hecho como un “uso abusivo del poder estatal”. El artículo 13 de la Convención Americana de Derechos Humanos de la OEA establece que el derecho de expresión no puede ser restringido por vías o medios indirectos, tales como “el abuso de controles oficiales o particulares de papel” para los medios impresos.
Esta es la segunda semana consecutiva en la que un diario líder de una región deja de editarse por problemas de papel. La Mañana, el impreso más importante de Falcón, cumple seis días reducido a su plataforma web. Sin edición aniversario conmemoraron 64 años.
Promotor de desarrollo
Con 29.362 ediciones impresas a cuestas, El Carabobeño ha dinamizado el desarrollo de la región central del país. Promovió la creación de la zona industrial de Valencia, insistió en el levantamiento de sus más importantes edificaciones, aupó la construcción de su Metro y, más recientemente, denunció la contaminación del agua potable en esa entidad.
Un bloque de 10 organizaciones civiles, entre las que se cuentan el Arzobispado de Valencia y la Universidad de Carabobo, insistieron, sin éxito, ante autoridades regionales para que mediaran en la crisis.
Las casi 300 familias que dependen de este medio comenzarán a pasar hambre, lamentó Carlos Cruz, presidente de la Academia de la Historia de Carabobo. Sin embargo, quien más perderá con este cese es la sociedad, apuntó Rafael García Marvez, coordinador de la Asociación de Columnistas.
Esta semana el argentino Jorge Taiana, presidente del Parlasur, recibió un expediente con el resumen ejecutivo del caso. Entre tanto, el decano de la prensa carabobeña ha anunciado que seguirá informando desde su plataforma digital, a la cual han incorporado videonoticias así como una estación de radio en línea.
En Venezuela no hay producción de papel prensa, por lo que el Gobierno se convirtió en el único importador y distribuidor del producto.
41 Diarios venezolanos han anunciado públicamente tener dificultades con el papel periódico o bien con otros insumos como planchas y tinta, documenta IPYS Venezuela. Otros impresos, que también han admitido problemas a esa ONG, han preferido no hacer pública su crisis. 

La amistad entre el escritor español Ramón Valle-Inclán y el poeta nicaragüense Rubén Darío contuvo una profunda admiración del uno por el otro. Esta relación quedó demostrada por cartas y frecuentes colaboraciones descritas en este texto

Valle-Inclán y Rubén Darío


Ramón del Valle-Inclán y Rubén Darío
Ramon Maria del Valle Inclan y Peña (Vilanova de Arousa28 de octubre de 1866-Santiago de Compostela5 de enero de 1936)
                                                     Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío (Metapa, hoy Ciudad DaríoMatagalpa18 de enero de 1867-León6 de febrero de 1916)

La amistad entre el escritor español y el poeta nicaragüense contuvo una profunda admiración del uno por el otro. Esta relación quedó demostrada por cartas y frecuentes colaboraciones descritas en este texto

Dos días antes de aparecer La lámpara maravillosa en Madrid, Rubén Darío moría en Managua. Era el 6 de febrero de 1916. El libro hubiera interesado, y mucho, al poeta modernista. Pocos días antes, Valle-Inclán, muy hundido, le había dicho a Nilo Fabra que Rubén estaba muy enfermo y sin esperanza. La muerte de su amigo y maestro le produjo una gran conmoción. Cuando recibió la noticia exclamó: “¡Es horrible! ¿Con quién comentaré ahora mi Lámpara maravillosa? Rubén hubiera tomado su whisky, yo mi píldora de cáñamo índico, y nos hubiéramos internado en el misterio. Él era un hombre que estaba en contacto con lo misterioso”. Asegura Felipe Sassone que, tras los cristales de sus quevedos, brillaron unas lágrimas. Pocos días después una nutrida representación, encabezada por Valle-Inclán, solicitó erigir un busto a Darío. Su relación con él fue siempre especial. Una perfecta combinación de amistad y admiración literaria, que de parte de Darío se tradujo en los tres prólogos-poemas a otros tantos libros de don Ramón, y sobre todo un gran respeto mutuo, dados los rasgos de carácter tan opuesto. Estas palabras explican la amistad y admiración mutua entre estos dos escritores.
Se conocieron cuando Darío vino a Madrid en 1899 y, pronto, se estableció entre ellos (añadamos a Alejandro Sawa) una corriente amistosa, que llegó a ser imperecedera. En sus cartas podemos comprobarlo. En 1906, le dedicó Valle-Inclán la edición de Sonata de estío: “A Rubén Darío, con toda mi admiración y mi amistad”. Ningún escritor contemporáneo gozó de tanta admiración por parte del poeta gallego. Y esa admiración, así como el reconocimiento de su magisterio, nunca decayeron. Y así le hace comparecer en las escenas más significativas de Luces de Bohemia.
Por su parte el poeta nicaragüense correspondió amistosamente a esta admiración. Le dedicó (dijimos) tres magníficos poemas y varias semblanzas en prosa. La carta de Valle-Inclán a raíz de la muerte de Sawa, indica la existencia de vivencias comunes, confirmadas por el magnífico prólogo que Darío antepuso a Iluminaciones en la sombra, el libro póstumo de Sawa, y que Valle-Inclán denominó como “diario de tribulaciones y esperanzas”.
Con el tiempo esta relación se hizo más intensa. Valle-Inclán colaboró en Mundial Magazine, que dirigía Rubén en París. En sus páginas publicó tres jornadas de Voces de gesta, que apareció prologada con una “Balada laudatoria que envía al autor el alto poeta Rubén”: “… Ha traído cosas muy misteriosas / don Ramón María del Valle-Inclán”.
Estas relaciones se han desmenuzado minuciosamente sobre todo para destacar el magisterio ejercido por el nicaragüense sobre el gallego. Magisterio cierto. Pero se han explorado menos las posibles influencias del gallego sobre el poeta modernista. Estas posibles influencias fueron ya previstas por Ramiro de Maeztu: “Sobre quien ejerció una influencia decisiva fue sobre Rubén, a quien le agitó como una bandera. ¡Sin Valle-Inclán, Rubén Darío no hubiera sido quien fue!”.
Raro caso entre escritores, Valle-Inclán y Rubén Darío, desde la misma fecha de su conocimiento, mantuvieron una amistad ejemplar a la vez que una admiración sin límites el uno por el otro. Quizá la amistad entre escritores solo es posible si va acompañada de la mutua admiración.
Ese gran don Ramón de las barbas de chivo . . .

Gustavo Díaz Solís (Güiria, estado Sucre, 1920 - Caracas, 2012). Representa el caso singular del cuentista puro pues se dedicó exclusivamente al cultivo de este género.“Su obra se limita a una veintena de relatos, en particular por su afán de autocrítica perfeccionista que lo llevó a descartar algunos de sus relatos iniciales”

Ednodio Quintero y los cuentistas venezolanos
6/33: Gustavo Díaz Solís


Gustavo Díaz Solís / Foto Archivo El Nacional

Gustavo Díaz Solís (Güiriaestado SucreVenezuela, 2 de febrero de 1920 - CaracasVenezuela 7 de enero de 2012)
“Su obra se limita a una veintena de relatos, en particular por su afán de autocrítica perfeccionista que lo llevó a descartar algunos de sus relatos iniciales”

Güiria, estado Sucre, 1920 - Caracas, 2012. Representa el caso singular del cuentista puro pues se dedicó exclusivamente al cultivo de este género. Estudió Derecho en la Universidad Central de Venezuela aunque su vocación estuvo orientada hacia la docencia. Y así estudia en el Instituto Pedagógico de Caracas donde obtiene el título de Profesor de Educación Superior y Normal. En dos oportunidades trabaja en empresas petroleras del oriente y occidente del país, y de esa experiencia derivan las vivencias que luego volcará en su cuento más famoso: “Arco secreto” (1947). Cursa estudios de Literatura Inglesa en Washington. Ingresa en la Escuela de Letras de la UCV donde realiza una importante labor en la enseñanza y divulgación de la Literatura Inglesa y Norteamericana. Se destaca como traductor de Walt Whitman, Robert Frost, T.S. Eliot, W. Wordworth, entre otros. Ejerce con notable éxito la crítica literaria, que podríamos ilustrar con la publicación bilingüe de su esclarecedor ensayo Exploraciones críticas / Exploration in Criticism, escrito durante su estadía en la Universidad de Chicago (1966). En la UCV ocupa cargos relevantes como Director de las Escuelas de Letras y Periodismo, y Secretario de la Universidad. Recibe las más altas distinciones académicas y merecidos reconocimientos, entre otros el Premio de Cuentos de “El Nacional” (1947), la Orden Andrés Bello (1959) y el Premio Nacional de Literatura (1995).
A lo largo de su vida, Díaz Solís publicó seis libros de cuentos, comenzando con Marejada (1940) y culminando con Cuentos escogidos (1997). Sin embargo, su obra se limita a una veintena de relatos, en particular por su afán de autocrítica perfeccionista que lo llevó a descartar algunos de sus relatos iniciales. Es muy probable que Díaz Solís haya sido el cuentista venezolano más meritorio, pues logró alcanzar el dominio total de tan difícil género, y esto justificaría con creces la alarmante brevedad de su obra. De prosa precisa, nítida, sugestiva, por momentos deslumbrante, encantatoria, con un ritmo cercano al canto y con una evidente carga poética, Díaz Solís elabora sus narraciones como piezas de relojería en las cuales, más allá de las búsquedas formales, apela a la sensibilidad del lector. Sus dramas, de contenido esencialmente humano, suelen ubicarse en ambientes sofocantes, vegetales, en cuyos vórtices los personajes irradian una sensualidad a flor de piel. Por otro lado, dentro de una órbita muy próxima al existencialismo estas mínimas tragedias cotidianas, que no siempre se resuelven con la violencia de la muerte, son representadas en una especie de teatro de la conciencia.
Varios de los cuentos de Díaz Solís –pienso en “Ophidia” y “Crótalo” protagonizados por sendas serpientes, con resonancias que quizá sean homenajes a Horacio Quiroga; pienso en “Entre las sombras”, breve, tenso y sutil, que continúa dando vueltas en mi cabeza desde hace más de treinta años– merecerían un espacio en esta antología. Sin embargo, me he decantado por “Arco secreto”, auténtica obra maestra, que representa, a mi parecer, el punto culminante, vale decir el cenit de la cuentística venezolana del siglo XX.
En “Arco secreto” el autor muestra sus mejores recursos como narrador. El relato está dividido en tres instancias. En la primera se nos presenta el protagonista, un joven cartógrafo recién llegado a un campo petrolero, que asiste como testigo de excepción a un evento simbólico, cargado de alusiones anímicas y existenciales: la caza de una lagartija por parte de un pequeño felino, un gato. David, que así se llama el cartógrafo, es en apariencia un ser escindido que sin una razón concreta odia a su jefe, un gringo, y al mismo tiempo desea a su exótica y sensual mujer. En la segunda parte se cumple la “venganza”: David posee a la mujer de su contrincante, y la trama de aquel triángulo se tensa, pero todo sigue igual. Al final, el protagonista descarga su furia en un combate desigual con un ser oscuro y alado, un horrible murciélago, quizá un representante vicario del odiado rival, quizá una encarnación de sus propios demonios interiores. Pero, atención: esta no es más que la mera simplificación de un relato magnífico, tenso y poderoso, que, como sucede con los escasos productos de la alta literatura, admite múltiples y variadas interpretaciones

Los sábados de este mes tuvieron una programación distinta en los espacios de la Galería Freites. La exposición de Jacobo Borges ha servido de escenario para disfrutar de conversaciones sobre su obra desde el pasado 27 de febrero

Encuentros entre líneas: Los cuentos del artista


La alta asistencia ha conmovido a Borges / Foto de Galería Freites, tomada de su Instagram

Los sábados de este mes tuvieron una programación distinta en los espacios de la Galería Freites. La exposición de Jacobo Borges ha servido de escenario para disfrutar de conversaciones sobre su obra desde el pasado 27 de febrero 
Casi tanto como el día de la inauguración, el pasado sábado 27 de febrero la sala en el tercer piso de la Galería Freites se llenó ante la convocatoria del artista. Jacobo Borges, sorprendido, agradecía tener la oportunidad de contar sus historias y de compartir junto a su hija y junto a su “queridísima Isabel”. El evento empezó poco después de las 11 de la mañana.
Las anécdotas dominaron el tiempo. Olvidados casi de la discusión sobre la obra del artista, él, Ximena Borges e Isabel Palacios disfrutaron del recuerdo. De cuando La Camerata de Caracas venía a la casa de Borges para ensayar y él aprovechaba para pintarles, para imprimir en su obra el movimiento de los músicos. De cuando Borges y su esposa Diana comían en casa de Palacios y Cabrujas, y viceversa. De cuando Ximena, de apenas un año y medio de edad, veía ir y venir a los distintos músicos…
Los tres se sumergieron es esas aventuras del ayer. De vez en cuando Ximena Borges intervenía con una composición propia. Su música es una mezcla entre lo clásico y lo moderno. Amenizaba aún más esa mañana. Lo que debía ser un “encuentro-hapennnig” que vinculara la obra de Borges con la música, se convirtió en una amigable y conmovedora tertulia entre antiguos amigos –con muchos testigos.
Ahí se sentaron esa mañana. Y ahí seguirían todavía, si el tiempo no se les hubiese impuesto.

El sábado siguiente –el 5 de marzo– el encuentro fue distinto. Un tanto más formal. La curadora de la exhibición que actualmente se expone en la Galería Freites, María Luz Cárdenas, tomó esta vez el micrófono y empezaron puntualmente. El público acompañó a la ponente en un recorrido antológico del trabajo de Borges. Hacía, por supuesto, referencia a los cuadros alrededor, una muestra muy representativa de los últimos 30 años de producción creativa del maestro que ha sido organizada en doce estaciones de lectura entre los resquicios de las aguas, la naturaleza, el retrato y la memoria.
En el encuentro que llamaron “De las relaciones humanas al Paisaje desde el mar. 30 años de creación artística, desde 1986 hasta el presente”, Cárdenas entró en los aspectos que toca el arte de Borges: el espacio, el agua, el retrato, el bosque, la música… Habló de la inspiración del pintor, de sus figuras y de sus retratos –“a lo Rembrant”–. Habló también de la incorporación de los avances digitales como herramientas de creación. “Borges pinta con el mouse como lo haría con pincel en mano”, dijo.
Esa mañana fue un poco más árida, con más técnica y sin tanta emoción. Tampoco fue tan concurrida. Pero igualmente conmovido, una vez más Borges habló al final y agradeció al público por la asistencia.

Jacobo Borges y el agua se realizó sábado 12 de marzo. Este encuentro mostró una interpretación más multimedia de la obra del venezolano. La conversación tenía la intensión de mostrar el agua como elemento de metáfora del espacio, la memoria y el tiempo, pero se desvió un poco es su camino. Mostró en su lugar una fasceta del artista dedicada a la enseñanza: “Dar clases es lo que más me hubiese gustado en la vida”, comentó Borges como sin darse cuenta de su status de “Maestro”.
Casi sobre las 11:30, el evento comenzó con la exhibición de los videos. Fueron puestas escenográficas realizadas por el maestro en 2005 y 2014 respectivamente, con el ballet Rain, para la compañía Buglisi Dance Theatre, en Nueva York y en La Tempestad, presentado en Caracas junto a su hija. Las imágenes combinadas con sonidos de lluvia y composiciones modernas sumergen al espectador y, de alguna manera, explicaron la obra de Borges que se asocia con experiencias de su pasado: tormentas, inundaciones, “recuerdos torrenciales”.
Luego volvió el artista a “hechar un cuento”. Se olvidó del agua y habló de los jóvenes, de sus discípulos y de su propia juventud. Por una hora siguió contanto.
Jacobo Borges “habla sabroso”. Con 84 años, se confiesa parlanchín: “Yo tengo todos los cuentos del mundo –dice–. Invento cualquier cosa de cualquier cosa que pase, así que si ustedes no me paran e intervienen, yo puedo seguir y seguir hablando”. El artista, que durante su vida artística nunca se desprendió completamente de Venezuela, aprecia mucho el trabajo de los jóvenes aunque comenta que en nuestro país hace falta una voluntad colectiva por salir adelante.

La Galería Freites servirá de anfitriona a este cuentacuentos y al que quiera escucharlo una vez más el próximo sábado 2 de abril. 

11 de marzo de 2016

Continuando con la programación especial en el marco de la exposición Jacobo Borges que se exhibe actualmente en la Galería Freites, este sábado 12 de marzo a partir de las 11:00 am se llevará a cabo un encuentro en el que el maestro disertará sobre su vínculo con el agua. Este elemento de la naturaleza le ha servido para representar la vida y la muerte, como metáfora y presencia turbulenta o apacible que ha transcurrido en su obra artística a lo largo del tiempo.

Jacobo Borges conversa sobre su vínculo con el agua

El artista visual tendrá un encuentro con sus seguidores este sábado a partir de las 11:00 am

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Las piezas del artista se encuentran exhibidas en la Galería Freites
EL UNIVERSAL
martes 8 de marzo de 2016  11:57 AM
Continuando con la programación especial en el marco de la exposición Jacobo Borges que se exhibe actualmente en la Galería Freites, este sábado 12 de marzo a partir de las 11:00 am se llevará a cabo un encuentro en el que el maestro disertará sobre su vínculo con el agua. Este elemento de la naturaleza le ha servido para representar la vida y la muerte, como metáfora y presencia turbulenta o apacible que ha transcurrido en su obra artística a lo largo del tiempo.

Sus vivencias personales convertidas en hechos artísticos se  mostrarán en una selección de imágenes de pinturas y dibujos recopiladas por Jacobo Borges, algunas de ellas inéditas. Además, se exhibirán los videos de dos puestas escenográficas realizadas por el maestro en 2005 y 2014 respectivamente, con el ballet Rain, para la compañía Buglisi Dance Theatre, en Nueva York y en La Tempestad, espectáculo multimedia presentado en Caracas junto a su hija Ximena Borges.

"El agua es esencia vital, referencia activadora de metáforas, espacios y recuerdos en la vida del maestro Jacobo Borges", afirma la curadora María Luz Cárdenas en la investigación que acompaña la exposición de la Galería Freites.

"En sus perspectivas simbólicas, el agua encarna el nacimiento y la muerte, el fluir, el recorrido. Es un símbolo de origen y final de la creación, es un elemento vital que, en su versión diluviana, arrastra consigo la vida, es transformación. Purifica y contamina. Es siempre paradójica. En Borges, esta imagen se encuentra asociada a experiencias que le han marcado en el curso de la existencia: los caudales producidos por las aguas de la lluvia en su casa de infancia, las inundaciones, los recuerdos torrenciales en Nueva York o Berlín, e incluso la cercanía a la muerte por inmersión", expresa Cárdenas.

La exposición Jacobo Borges servirá de escenario visual para este conversatorio sobre el agua como metáfora del espacio, la memoria y el tiempo, a través de un recorrido antológico por los últimos 30 años de producción creativa del maestro, que cuenta con la curaduría de María Luz Cárdenas. Una selección de sus cuadros más representativos, realizados desde 1986 hasta la actualidad, como una suerte de inventario de los problemas y estructuras que han marcado la obra de Borges.

Nacido en Caracas en 1931, Jacobo Borges posee más de cinco décadas de trayectoria, tiempo durante el cual ha transitado por diversas áreas de comunicación visual como cine, video, fotografía, performance e instalación, y se ha posicionado como uno de los artistas plásticos más importantes de nuestro continente. Su obra es reconocida internacionalmente, exhibida en galerías y museos de Venezuela, Estados Unidos, Colombia, Cuba, México, Francia, Italia, Alemania y Austria. Ha recibido numerosos premios entre los que se incluyen: Premio Arturo Michelena, Premio Nacional de Dibujo y Grabado en el XXII Salón Oficial y Premio Nacional de Pintura en el XXIV Salón Oficial, Guggenheim Fellowship, DAAD Guest en Berlín, entre otros.

Todos los colores de los que el artista Víctor Valera (Maracaibo, 1927- Caracas, 2013) se apropió durante su trayectoria maestra parecen saltar desde el blanco de las paredes de la galería de Arte Ascaso, en Las Mercedes. Reinantes, entre líneas y ángulos, lucen dispuestos a erigir su trono en las retinas de quien los contemple.

Víctor Valera, el último barroco

El domingo inaugura en la galería de Arte Ascaso la exposición "Silencios luminosos".

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A tres años de la muerte del artista, la galería Ascaso presenta sus últimas creaciones (Cortesía)
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MARÍA GABRIELA FERNÁNDEZ B. |  EL UNIVERSAL
jueves 10 de marzo de 2016  09:12 AM
Todos los colores de los que el artista Víctor Valera (Maracaibo, 1927- Caracas, 2013) se apropió durante su trayectoria maestra parecen saltar desde el blanco de las paredes de la galería de Arte Ascaso, en Las Mercedes. Reinantes, entre líneas y ángulos, lucen dispuestos a erigir su trono en las retinas de quien los contemple.

Para este domingo, se tiene prevista la inauguración de una muestra que es casi una fiesta. Integrada por 59 piezas en mediano y gran formato, la exposiciónSilencios luminosos agrupa los últimos trabajos realizados por Valera durante la vibrante etapa creativa que le acompañó hasta su muerte.

Para estas obras, el artista rescató elementos de series anteriores de su autoría y logró, también, nuevas propuestas a partir de la integración de sus inquietudes. Aunque bien podría alguno sorprenderse ante la diversidad de los planteamientos visuales, la exposición termina por agrupar las diferencias y reiteraciones que componen el legado de este creador venezolano.

De acuerdo con el curador Víctor Guédez, escritor del texto de la exposición, "las formas básicas y los colores originarios se relacionan con toda su historia y no podrían interpretarse al margen de esa relación con la totalidad".

El fotógrafo Ricardo Mariño, quien fue mano derecha de Valera durante 31 años, percibe en esta última muestra concebida por el artista el uso intencional de todas sus referencias. "Es probable que estuviera consciente de que esta sería su última exposición, y por eso reinterpreta obras incluso de los años 50' en París. También los murales son pinturas escultóricas, como si uniera las dos disciplinas que desarrolló".

Los cuadros y pinturas tridimensionales que colman las tres salas fueron divididas en siete grupos por Guédez, de acuerdo con sus características formales: Los cuadrados dentro del cuadrado, El énfasis del espíritu lúdico, La expansión del registro compositivo, Movimiento y fragmentación, Convivencia entre lo octogonal y lo curvilíneo, La afirmación de lo pictórico y La recapitulación de la recapitulaciones.

"Víctor Valera fue un artista de la abstracción barroca. Puede lucir cargado y hay exuberancia cromática, pero están todos sus impulsos creativos. Aquí hay muchos Víctor, y muchas influencias a las que acude sin perder su autenticidad arrolladora. Esta exposición es la casa de Víctor, a estas obras dedicó su última fuerza avasallante", declara la curadora e investigadora Bélgica Rodríguez. Sólo la escultura está ausente en este caso, lo que vincula al artista con sus inicios como pintor, y también responde a las limitaciones físicas de sus últimos años.

El silencio del maestro 

Que la palabra "silencio" titule a esta muestra en la que cada línea tiene la fuerza de un grito, podría parecer irónico. Sin embargo, Guédez lo explica desde el núcleo del taller: "El silencio es silencio en Víctor Valera, porque es el antecedente de sus realizaciones". Además, Rodríguez añade: "A estas piezas hay que a acercarse como a una catedral, con el respeto de un maestro".

La investigadora Bélgica Rodríguez habla de la trayectoria de Víctor Valera como un deseo inagotable por experimentar. Recuerda sus comienzos a finales de los años cuarenta, su viaje a París –que marcó su estética– y el laboratorio geométrico y cinético que encontró al volver a Venezuela.

La obra de toda una vida estalla como conciencia de libertad estética


En la exhibición se funden la estridencia del color, los relieves y el movimiento | FOTO MANUEL SARDÁ
Silencios luminosos es el homenaje que rinde la Galería Arte Ascaso a Víctor Valera. En más de 50 piezas se recorre el trabajo del pintor y escultor fallecido en 2013

El silencio es aquello que antecede la creación, es la invitación a despojarse de lo que no es esencial para encontrarnos con nosotros mismos. Con estas ideas –inspiradas en el libro Biografía del silencio de Pablo d’Ors– Víctor Guédez introduce la exposición de Víctor Valera.
Pero la obra de este pintor y escultor venezolano –continúa Guédez– es un estallido de colores, formas y texturas. Es la conciencia plena de libertad. Se trata de un extraño silencio; ese en el que se escuchan las voces de los elementos que colman el plano, que doblegan el más rígido metal, que saturan todas las tonalidades. Es, entonces, la contemplación que precede su realización.
A partir de esta aparente dualidad, y convertido en el mejor homenaje, la Galería Arte Ascaso presentará desde el domingo la antologíaSilencios luminosos, que recoge las más de cinco décadas de trabajo del artista marabino que falleció a los 86 años de edad, en 2013.
La exposición, compuesta por más de 50 piezas, fue elaborada y estructurada por el mismo Valera, tal vez a modo de despedida. Iba a ser inaugurada en 2013, mas la muerte sorprendió al también muralista, ganador del Premio Nacional de Escultura en 1958. Tuvo que ser pospuesta. pero respeta el espíritu que Valera le había otorgado. Es un colorido resumen de su trayectoria, reinterpretado por él mismo, con diversos materiales y la misma intención: la irreverencia.
“Estas obras se revelan como el testimonio eufórico de un creador de audaz temperamento. Víctor Valera se caracterizaba por un compromiso inquebrantable y una superlativa sensibilidad (…) La relación de identidad que en vida tuvo con sus ejecuciones se mantiene y se afianza ahora como el testimonio de un esfuerzo concretado. A él le gustaba vivir como vivió y por eso vivía todo lo que hacía”, escribe Guédez en el catálogo de la exhibición.
Silencios luminosos ocupa las tres salas de la galería. La estructura fue elaborada por Ricardo Mariño, director del taller de Valera y su asistente durante varios años, y la museógrafa Rayza Herrera. Se divide en criterios de escala, textura y color. En la Sala 1 están los murales y las obras en gran formato, con sus juegos de colores, relieves y movimiento; los cuadrados, las líneas, los espirales y quiebres interpelan al espectador. La Sala 2 la habitan piezas de mediano y pequeño formato, con una mayor presencia de pinturas cinéticas, como una vuelta a los orígenes; mientras que en la última sala se encuentran sus laberintos ópticos.
“Yo presencié la elaboración de muchas exposiciones y en esta última lo vi diferente, para bien. Casi todas las épocas de Víctor estaban precedidas por una depresión, entonces cada cambio en su obra era como parte de una terapia. En esta muestra tuvo mucha soltura, sin complejos de nada, divirtiéndose con lo que estaba haciendo. No sé si en el fondo presentía que sería la última”, afirma Mariño.
Irreverencia plástica. La investigadora Bélgica Rodríguez habla de la trayectoria de Valera como un deseo inagotable por experimentar. Recuerda sus comienzos a finales de los años cuarenta, su viaje a París –que marcó su estética– y el laboratorio geométrico y cinético que encontró al volver a Venezuela.
De la pintura incursionó en la escultura, así pasó del sosiego espiritual del lienzo a la fuerza exterior de la tridimensionalidad. Indagó en el constructivismo, invitado por Carlos Raúl Villanueva; en los años setenta le sumó color a sus esculturas de hierro oxidado y pasó por la geometría. Siempre con la simultaneidad de elementos.
Concluye Rodríguez: “Víctor nunca se ajustó a una receta. Pero en su trabajo hay un hilo conductor. Él plantea en una sola obra métodos disímiles que no le quedan como un disparate. Hay en él un manejo exquisito y prodigioso de las tendencias. Su deseo era sorprender”.
Silencios luminosos
Galería Arte Ascaso, avenida Orinoco, Las Mercedes
Inauguración: domingo, 11:00 am
Entrada libre

De Ramón Palomares (1935-2016) se ha dicho que sus versos evocaban el habla campesina de su infancia. Pero más que evocación de infancia, yo hablaría de cosmovisión.

Ramón David Sánchez Palomares (Escuque, 7 de mayo de 1935 - Mérida, 4 de marzo de 2016)

Palomares

Unas líneas de Elisa Lerner me hacen ver una estampa inimaginable: la llegada o incursión de los autores regionales que, hacia 1958, formaban parte del grupo Sardio. Dos trujillanos, González León y Palomares, y un barquisimetano, Garmendia, venían con aires de provincia y, sin embargo, se unían a la renovación de los modos estéticos y de las ideas. El país dejaba atrás a Pérez Jiménez y recuperaba sus fueros democráticos, que desde 1945 pujaban por salir para recuperar el hilo republicano. Pero Elisa pinta a sus compañeros de generación de manera candorosa, risueña: aquellos modales que olían a fundo, aquellos trajes de urbanidad mal ajustada, aquellos tonos que remitían a otros parajes. De Ramón Palomares (1935-2016) se ha dicho que sus versos evocaban el habla campesina de su infancia. Pero más que evocación de infancia, yo hablaría de cosmovisión. No es tan importante la voz como la mirada. Debería destacarse más bien una “mirada anterior” a la modernidad, un resabio prehistórico. La manera en que se describen los pájaros, el cielo, los árboles, los animales, no remiten a niños como emisores, como tampoco a campesinos. Se trata más bien de un estado de consciencia primigenio, que baila entre la ingenuidad y el descreimiento. Quien habla es una especie de inconsciente colectivo, es un coro fúnebre, que agrupa voces y las funde en un sorprendente discurso homogéneo. Si lo que desaparece es siempre tema para la poesía, porque no hay poesía sin memoria, los versos de Palomares no se hunden, sin embargo, en el pozo de la nostalgia. No creo que su poesía sea un recuento de la pérdida, sino la exaltación de un mundo paralelo, o sobrepuesto, aunque este solo sea apreciado por espíritus a la deriva. La ingenuidad, el pre-lenguaje, también remiten a la inocencia: Adán sigue extasiado en su Paraíso.
Recuerdo la caballerosidad de Palomares, sus dulces maneras, su ademán de inclinarse ligeramente cuando saludaba a un conocido. Sus modales eran también de otro tiempo, como si él mismo fuera el último sobreviviente del mundo que evocaba en su poesía. Las palabras escogidas, la mirada gacha, el deseo de desaparecer de la escena. Todo un pasado reconcentrado, de memoria y visiones. Hace años, en casa de la poeta Patricia Guzmán, lo vi bailar. Parecía un tango, o un bolero, o una balada que solo él imaginaba. Lo hacía con pena, confiando en que los pocos de la velada que compartíamos no lo vieran. La discreción, la distancia, también lo habitaban.
La poesía es también desamparo, o plegaria, o dolor. ¿Cuánto tuvo que caminar el campesino de Escuque para llegar a ser uno de los grandes poetas venezolanos del siglo XX? Vuelven las imágenes de Elisa Lerner para verlo tembloroso, indeciso, entrando por la puerta grande que fue Sardio para la literatura venezolana. Los abrazos o textos que en sus últimos años de vida les prodigaba a los hombres fuertes o de a caballo, quién sabe si también hablaba de carencias afectivas o de figuras que se entronizaban en los campos como señores feudales. He allí también una infancia que no fue de inocencia sino el pasto de caudillos sedientos que desde tiempos de Independencia ven la tierra venezolana como un botín.
La primera vez que entendí lo que era un palomar fue en la plaza de Macuto, adonde mi padre nos llevaba después del paseo dominical a la playa. Era muy impresionante ver esas casas altas, rellenas de palomas que entraban y salían. La atracción era el aleteo constante y no los árboles o el rumor lejano del mar. Recuerdo esos palomares y también recuerdo al gran poeta de Escuque. Su poesía perdurará, qué duda cabe, más allá de los accidentes terrenales. Como en Macuto, volar siempre será un arte superior a lo que se cuece en las madrigueras.