La historia de Frida Añez en Carabobo a partir de 1950

Este blog nos narra la historia de una mujer que marcó de forma única la cultura en Valencia, Estado Carabobo entre 1950 y 2000

11 de marzo de 2016

Todos los colores de los que el artista Víctor Valera (Maracaibo, 1927- Caracas, 2013) se apropió durante su trayectoria maestra parecen saltar desde el blanco de las paredes de la galería de Arte Ascaso, en Las Mercedes. Reinantes, entre líneas y ángulos, lucen dispuestos a erigir su trono en las retinas de quien los contemple.

Víctor Valera, el último barroco

El domingo inaugura en la galería de Arte Ascaso la exposición "Silencios luminosos".

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A tres años de la muerte del artista, la galería Ascaso presenta sus últimas creaciones (Cortesía)
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MARÍA GABRIELA FERNÁNDEZ B. |  EL UNIVERSAL
jueves 10 de marzo de 2016  09:12 AM
Todos los colores de los que el artista Víctor Valera (Maracaibo, 1927- Caracas, 2013) se apropió durante su trayectoria maestra parecen saltar desde el blanco de las paredes de la galería de Arte Ascaso, en Las Mercedes. Reinantes, entre líneas y ángulos, lucen dispuestos a erigir su trono en las retinas de quien los contemple.

Para este domingo, se tiene prevista la inauguración de una muestra que es casi una fiesta. Integrada por 59 piezas en mediano y gran formato, la exposiciónSilencios luminosos agrupa los últimos trabajos realizados por Valera durante la vibrante etapa creativa que le acompañó hasta su muerte.

Para estas obras, el artista rescató elementos de series anteriores de su autoría y logró, también, nuevas propuestas a partir de la integración de sus inquietudes. Aunque bien podría alguno sorprenderse ante la diversidad de los planteamientos visuales, la exposición termina por agrupar las diferencias y reiteraciones que componen el legado de este creador venezolano.

De acuerdo con el curador Víctor Guédez, escritor del texto de la exposición, "las formas básicas y los colores originarios se relacionan con toda su historia y no podrían interpretarse al margen de esa relación con la totalidad".

El fotógrafo Ricardo Mariño, quien fue mano derecha de Valera durante 31 años, percibe en esta última muestra concebida por el artista el uso intencional de todas sus referencias. "Es probable que estuviera consciente de que esta sería su última exposición, y por eso reinterpreta obras incluso de los años 50' en París. También los murales son pinturas escultóricas, como si uniera las dos disciplinas que desarrolló".

Los cuadros y pinturas tridimensionales que colman las tres salas fueron divididas en siete grupos por Guédez, de acuerdo con sus características formales: Los cuadrados dentro del cuadrado, El énfasis del espíritu lúdico, La expansión del registro compositivo, Movimiento y fragmentación, Convivencia entre lo octogonal y lo curvilíneo, La afirmación de lo pictórico y La recapitulación de la recapitulaciones.

"Víctor Valera fue un artista de la abstracción barroca. Puede lucir cargado y hay exuberancia cromática, pero están todos sus impulsos creativos. Aquí hay muchos Víctor, y muchas influencias a las que acude sin perder su autenticidad arrolladora. Esta exposición es la casa de Víctor, a estas obras dedicó su última fuerza avasallante", declara la curadora e investigadora Bélgica Rodríguez. Sólo la escultura está ausente en este caso, lo que vincula al artista con sus inicios como pintor, y también responde a las limitaciones físicas de sus últimos años.

El silencio del maestro 

Que la palabra "silencio" titule a esta muestra en la que cada línea tiene la fuerza de un grito, podría parecer irónico. Sin embargo, Guédez lo explica desde el núcleo del taller: "El silencio es silencio en Víctor Valera, porque es el antecedente de sus realizaciones". Además, Rodríguez añade: "A estas piezas hay que a acercarse como a una catedral, con el respeto de un maestro".

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