La historia de Frida Añez en Carabobo a partir de 1950

Este blog nos narra la historia de una mujer que marcó de forma única la cultura en Valencia, Estado Carabobo entre 1950 y 2000

5 de mayo de 2014

El año más feliz en la vida de Oswaldo Vigas fue 1952, pues se ganó tres premios: el Nacional de Artes Plásticas, el John Boulton y el Arturo Michelena, y se embarcó a París en primera clase y sin un centavo en el bolsillo.

CARACAS CRÓNICA | ELOI YAGÜE JARQUE | Ultimas Noticias  Más Vida 04/05/2014 
Vigas en los ojos
A veces escribía poesía y recitaba poemas de Neruda y García Lorca
En 1951 había un médico pediatra que trabajaba en el Hospital J. M. de los Ríos, en San Bernardino, Caracas, y que se entristecía mucho al ver a las madres con los niños que se les morían en los brazos esperando que las atendieran (63 años después, los médicos de ese hospital salen de nuevo a protestar por falta de insumos, problemas de infraestructura y limpieza). “La pediatría me dolía, la pintura no me dolía”, confiesa Oswaldo Vigas, gran artista plástico, fallecido el 22 de abril a los 88 años.

Había nacido el 4 de agosto de 1926 en Valencia. Su padre murió siendo niño y su madre, Nieves Linares, era familia de otro gran pintor carabobeño: Arturo Michelena. Vigas pasó su infancia entre Valencia, Tinaquillo y Guacara. En esa última ciudad comenzó a hacer sus primeros dibujos y a venderlos. A los 12 años hizo su primera exposición. Luego fue premiado en el Ateneo de Valencia en 1943. También escribía poesía, pero finalmente se fue imponiendo la plástica (hasta sus últimos días, Vigas hacía alrededor de 30 dibujos diarios, incluso en las servilletas del desayuno).

Fue a estudiar Medicina en la Universidad de Los Andes y culminó la carrera en la Universidad Central de Venezuela. Aunque aún no se había decidido a dedicarse al arte, nunca dejó de dibujar y pintar.

El año más feliz en la vida de Oswaldo Vigas fue 1952, pues se ganó tres premios: el Nacional de Artes Plásticas, el John Boulton y el Arturo Michelena, y se embarcó a París en primera clase y sin un centavo en el bolsillo. Lo hizo a tiempo, ya que la Seguridad Nacional, la policía política del dictador Marcos Pérez Jiménez, estaba a punto de detenerlo “por agitador”. En la Ciudad Luz, ingresó a la Escuela de Bellas Artes. Empezó a vivir de vender sus obras y de tocar música en el bar L’Escale, de Montmartre, con Jesús Soto, otro de los grandes artistas plásticos venezolanos que vivía en París y formaba parte del grupo Los Disidentes, que tenía planteamientos renovadores.

Vigas comía en comedores baratos del Barrio Latino, era pobre pero feliz porque podía dedicarse a lo que más quería. Además, estaba rodeado de creadores que, como él, intentaban vivir del arte y explorar nuevas posibilidades expresivas, como el español Picasso, el argentino Portinari y el ecuatoriano Guayasamín.

A veces escribía poesía y recitaba poemas de Neruda y García Lorca. “París era una fiesta porque los franceses vivían la alegría de estar libres de la dictadura alemana”. Allí, además, se enamora de Jeanine, con quien estuvo casado más de 60 años y tuvo un hijo llamado Lorenzo.

Durante la década de 1950, Vigas participó en las bienales de Venecia, la de Sao Paulo y la de Barcelona (España). Fue también uno de los intelectuales que se sumó al manifiesto contra la dictadura de Pérez Jiménez, el mismo año en que fue derrocado.

Un día lo invitó a almorzar el arquitecto Carlos Raúl Villanueva, quien andaba proyectando la Ciudad Universitaria de la UCV, y le propuso hacer varios murales, que se pueden ver en el edificio del Rectorado, entre ellos, ya restaurado, el que fue quemado por enemigos de la cultura el 19 de junio de 2013.

A finales de los sesenta, vivió en Mérida, donde se desempeñó como director de Cultura de la Universidad de Los Andes y fundó, junto con Juan Astorga, el Museo de Arte Moderno de esa ciudad. En 1992, ganó el Premio Internacional de Arte Contemporáneo de Monte Carlo, el cual recibió de la mano de la princesa Carolina de Mónaco. Vigas ha expuesto sus obras en Estados Unidos, Italia, España, Colombia, Perú, Francia, Cuba, Panamá y México, entre otros países.

Aunque Oswaldo Vigas se consideraba ateo, le interesaba el budismo, mas no como religión, sino como filosofía de vida. “Siempre hice lo que quise”, le confesó al periodista Albinson Linares en una de sus últimas entrevistas.


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