La historia de Frida Añez en Carabobo a partir de 1950

Este blog nos narra la historia de una mujer que marcó de forma única la cultura en Valencia, Estado Carabobo entre 1950 y 2000

14 de mayo de 2012

Los hilos de la historia se cruzan sin proponérselo Gracias al Ateneo de Valencia se produjo ese encuentro entre Oswaldo Vigas y el maestro Pablo Picasso en 1955


Celebrar el Guernica

A propósito de los 75 años de la creación del mural -una alegoría de Picasso sobre los efectos del bombardeo a la ciudad vasca- Estampas conversó con el maestro Oswaldo Vigas, quien, además, recordó su único encuentro con el artista español...

por NÉSTOR LUIS LLABANERO | DOMINGO 13 DE MAYO DE 2012
El Guernica, pintado por Picasso en 1937

Era 1955. Pablo Picasso tenía 74 años; Oswaldo Vigas, 29. Ambos se encontraron en Cannes. De ese modo lo habían acordado. Ahí vivía el artista español, quizá, el residente más célebre de entre los 50 mil habitantes de la ciudad turística en la Costa Azul francesa.

Tratándose de la primera cita, Vigas, quien había solicitado la reunión desde Venezuela, acudió vestido con la formalidad que supone un paltó. Consideró oportuno, eso sí, desprenderse de la corbata. En cambio, Picasso, torturado por el calor del verano, recibió al visitante con un pantalón corto. Descamisado totalmente. Después de todo, era su casa y, además, era Picasso.

Según comenta Vigas, tuvo disposición para oír la propuesta transoceánica que le llevaba: el estado Carabobo preparaba la feria internacional de arte por los 400 años de la capital, Valencia. Para levantar el atractivo de la exposición, se aspiraba a incluir una pieza del malagueño. Vigas debía lograrlo.

"Al presentarnos, me preguntó: '¿Qué piensas de lo que yo pinto? ¿Te gusta o no te gusta?'. Es que, además de pequeño y flaco, era muy directo".

¿Usted qué le respondió?
"Yo estaba cortado. Le decía que él era el pintor más importante, pero él pensaba que yo mentía".

¿Por qué?
"Porque, para Picasso, el artista más importante no era él sino El Greco y más aún, Diego Velázquez. ¡Y es verdad! No hay nadie más importante en la pintura que Velázquez, porque Velázquez, que por años fue un desconocido, hizo que la estética se considerara un valor esencial".

Vigas y Picasso lograron verse intercaladamente durante una semana. Después, nunca más lo hicieron. El español murió en 1973. "Antes de venirme, me preguntó: '¿No quieres llevarte un recuerdo mío?'. Yo le dije: 'Te vine a conocer y a solicitar una obra para la feria, pero no pensando en que tú me darías algo'. Y él se sintió desconcertado con mi opinión. Lo normal era haberle dicho que sí. Me lo he reprochado toda mi vida".


EL MAESTRO VENEZOLANO trae al presente, desde su casa taller en Los Dos Caminos, en Caracas, aquel cara a cara. Como si se tratara de su introducción para recordar la creación, hace 75 años, del Guernica, nombre también de la ciudad vasca bombardeada por los alemanes e italianos con autorización del entonces mandatario español Francisco Franco.

Como se sabe, aquel ataque generó pérdidas humanas. También, paradójicamente, una poética: Picasso sacaba a la luz, en forma de mural, su alegoría de la devastación.

La pintura, una simbología concebida en blanco y negro con diferentes niveles de grises, de aproximadamente 3,49 metros de largo y 7,76 metros de ancho, sería la apuesta de España en la Feria Internacional de París, en 1937.

El Guernica -definido como un cuadro político- debió salir de España, igual que cualquier perseguido ideológico. Nueva York fue su sede temporal.

"Picasso no sabía lo que iba a pintar para la Feria", memoriza Vigas. "Pero cuando ocurre el bombardeo a Guernica, vio las ruinas reflejadas en fotos publicadas en la prensa".

A partir de las reseñas periodísticas, el cuadro trascendió a la plástica. "El Guernica fue transformándose en la obra de arte más valiosa del siglo 20 y hoy en día no se ha hecho nada similar".

EN EL SÓTANO DE TRABAJO, donde todos los días baja a bocetear, a manchar o a reflexionar, Vigas cuelga sus pinturas en las paredes. Entre estas intercala una fotografía suya al lado del creador del Guernica. Valora para sí el hecho -no permitido hoy- de haber tocado el mural. "Lo hice en una época cuando uno podía abrazarse con la obra". Estaba de visita en el Moma de Nueva York, donde se expuso hasta 1981. No lo habían devuelto a Madrid ni colocado en el Museo Reina Sofía, su sede actual.

"Admiración es lo que uno puede sentir ante una obra maestra como esa. Yo había visto grandes pinturas como las de El Greco, que influyeron mucho en el arte moderno, pero en el siglo 20 no hubo nada igual".

¿Cómo recuerda su trato?
"Conmigo, encantador, pero era 'arrecho' con la gente, casi arrogante. Era un tipo autosuficiente, muy seguro y tenía mucho éxito con el arte, con las mujeres, con los amigos, todo el mundo quería conocerlo".

Aunque Picasso fue festejado por su abundante producción, el Guernica se le considera su gran voz social. "Mostró su compromiso humano", considera Vigas. "El artista es tan importante según sea la calidad de su mensaje y el nivel de su compromiso. Es mentira que el arte está por encima de todo. Por encima de todo, incluyendo el arte, está la humanidad".

Hoy, Vigas -ya no el joven de 29 años, sino convertido en un maestro del arte- celebra haber logrado el cometido para su natal Valencia. Llevó a la feria la pieza Madame D, un óleo, de mediano formato, que el mismo Picasso había sacado de una galería para enviarlo a Venezuela.

En la negociación se ajustó un precio especial para nuestro país: 20 mil dólares. Casi la mitad de su valor monetario real. La idea era que no regresara a su dueño. Sin embargo, el arte también elige con quién quedarse. Nadie se interesó en comprarlo. En aquel 1955, los asistentes a la muestra valenciana habían decidido que resultaba más provechoso invertir en la expresión abstracta. "Algo que no sirve para nada", dice Vigas, un provocador de casi 86 años, el coleccionista de estos recuerdos.

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