La historia de Frida Añez en Carabobo a partir de 1950

Este blog nos narra la historia de una mujer que marcó de forma única la cultura en Valencia, Estado Carabobo entre 1950 y 2000

5 de noviembre de 2013

¿Por qué me encanta la historia de Frida Añez y el grupo que la acompañó en la Junta Directiva del Ateneo de Valencia en 1955? Porque en una pequeña ciudad de la provincia venezolana, ella y su equipo supieron y lograron que Valencia participara del hervidero cultural que vivía Paris durante la década de los años 50 donde los talleres se convirtieron en laboratorios de investigación visual. Y enviaron como emisario de su proyecto de una Exposición Internacional de Pintura con motivo de los 400 años de la ciudad, a un joven Oswaldo Vigas, residenciado en Francia que formaba parte de este periodo de ebullición artística."Lo que nutre a Vigas es esta turbulencia creativa...dice Bélgica Rodríguez, curadora de la muestra Vigas constructivista. París 1953-1957 en la galería Arte Ascaso, de Las Mercedes...Esa exposición sin proponérselo demuestra y reafirma el valor del trabajo realizado por ese grupo de unidos ciudadanos antes mencionados, que demostraron su amor por el arte y Valencia, trabajando sin descanso ni egos separatistas, un equipo con una cabeza muy clara que los lideraba y supo a cada uno darle su valor, y asi juntos darle a la capital carabobeña un producto fruto de su coherencia como promotores culturales, aún en medio de las limitaciones que supieron resolver como una sola voz..(Parte I).

La ruptura según Vigas

La muestra "Vigas constructivista" inaugura hoy en la galería Arte Ascaso.

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72 pinturas de su etapa constructivista (Fotos Nicola Rocco)
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JESSICA MORÓN |  EL UNIVERSAL
domingo 3 de noviembre de 2013  
Al final de la Segunda Guerra Mundial estalló un impulso creativo en París. Creadores de todas partes del mundo se instalaron en la Ciudad Luz durante la década de los años 50. El maestro venezolano Oswaldo Vigas (Valencia, 1926) formó parte de este periodo de ebullición artística. Sus ingeniosas pinceladas se refugiaron en el arte constructivista.

"Lo que nutre a Vigas es esta turbulencia creativa. La capital francesa era un hervidero cultural donde los talleres se convirtieron en laboratorios de investigación visual. Distintos movimientos artísticos (cinetismo, surrealismo, constructivismo, minimalismo), intentaban solaparse los unos a los otros. Y Vigas provenía del universo de la figuración, donde el arquetipo de 'la bruja' ya era una característica fundamental de su obra", explica la curadora Bélgica Rodríguez, para introducir las 72 pinturas que alberga la muestra Vigas constructivista. París 1953-1957 en la galería Arte Ascaso, de Las Mercedes.

Un cúmulo de obras del pintor y muralista, pertenecientes al periodo de 1953-1957, se exhibe a partir de hoy sin la pretensión de señalar un antes y un después en su obra, sino un proceso de continuidad en el que el artista descendiente de Arturo Michelena, dio rienda suelta a su cacumen artístico, tras desarrollar las series Formas tensionales, Objetos negros y Proyectos para murales.

Sobre esta última, el creador valenciano recuerda un encargo especial del arquitecto Carlos Raúl Villanueva, quien confió a su genialidad como colorista los bocetos de la Ciudad Universitaria. "Cuando Villanueva vio el bosquejo que hice en París sólo me dijo esto: 'Formidable'", comenta Vigas, y a falta de pincel toma un marcador y replica: "Todo lo que he hecho lo he pensado, nunca he hablado en el aire, porque es fácil hacer una crítica, pero más difícil es pintar un cuadro", dice con lucidez el maestro de 87 años de edad.

Y al transcurrir seis décadas de su estancia en Europa, un compendio de óleos, guaches y tintas nunca antes expuestos en el país, se apropian de los tres pisos de la galería. "Hace unos tres años tuvimos la oportunidad de ver su periodo formalista. En esta oportunidad, veremos obras en las que Vigas explora la abstracción a partir de la esquematización de la forma figurativa, donde estudia y analiza varias geometrías (círculos, ovoides, cuadrados, rectángulos, barras y líneas). La presencia del color plano, a veces bastante texturada, así como también la exploración de varias arquitecturas compositivas y perspectivas que marcan una ruptura con los códigos plásticos convencionales de la abstracción geométrica de la época", apunta Rodríguez.

Las piezas que cuelgan en sala fueron guardadas con recelo en el taller de Vigas. Durante la entrevista, el maestro lo confirma con una convicción irreductible. Con una certeza intachable se expresa. "Lo que está expuesto aquí estaba guardado en mi taller. Nunca he vendido todo, una gran cantidad se queda conmigo porque pinto todos los días, así siempre hay obra", asegura.

En su lista de tareas pendientes, no aguarda un lugar para el descanso. Jamás se ha planteado la posibilidad de apartarse de un lienzo.

"Mientras uno está trabajando se mantiene, el problema se presenta cuando uno deja de trabajar. Moriré con un pincel en la mano", sentencia el ganador del Premio Nacional de Artes Plásticas 1952.

Sobre la muestra, confiesa que se siente "bien". Pero por un momento, deja colar la nostalgia y al verse frente a sus cuadros revela que extraña París. "Francia está en mis entrañas". ¿Y Venezuela?, se le pregunta. "A Venezuela mejor no pintarla, mejor no comparar", responde el también merecedor del Premio John Boulton y dos veces acreedor del Premio Arturo Michelena.

Pasados los 80, el creador asegura sin titubeos, que el arte lo acompañará hasta el fin de los días. Tras haber realizado más de 100 muestras individuales, su facultad artística no ha sido derrotada. Con los años ha dado la batalla y sin ánimos de esbozar lo venidero, sabe que seguirá creando. "Aún me falta mucho por pintar. Pero yo no sé lo que haré, lo saben mis manos. Ellas son las que hablan por mí", concluye.

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